Ucrania. imperialismo, geopolítica… y autodeterminación?

5 de marzo de 2022

Por Matías Rodríguez Gianneo*

El 24 de febrero de 2022, Rusia comenzó la invasión a Ucrania que está dejando miles de muertos y más de un millón de refugiados, lo que configura una crisis humanitaria. Imágenes que recuerdan a Siria o la Franja de Gaza, ocultadas por la prensa occidental. Aunque existían indicios y fuentes diversas que anunciaban esta posibilidad, el ataque sorprendió al mundo. En los últimos días, lo que Putin llamó una operación militar para destruir las defensas militares ucranianas se trasladó al bombardeo de poblaciones civiles. La preocupación llegó a todo el mundo por la posibilidad de una reacción en cadena de las acciones bélicas y el choque directo de potencias, y abrió preguntas, algunas las abordaremos en el siguiente artículo: ¿Cuáles son los cambios geopolíticos que operan, pos crisis del 2008 y con la pandemia, sobre este conflicto? ¿Es una guerra justa o una guerra imperialista?

Cambia, todo cambia, menos las viejas costumbres de guerrear

En el viejo mapa de la URSS, una de las repúblicas claves en su poderío estratégico era Ucrania. Su valor es enorme para los planes rusos de volver a ser una potencia de primer orden, su importancia radica en: la extensión territorial y sus 44 millones de habitantes, la ubicación estratégica en el pivote de Europa-Asía, sus tierras fértiles: ambos países en cuestión suman el 78% del comercio mundial de aceite de girasol, el 28% del comercio de trigo y el 19% del maíz[1], la industria naval en Sebastopol (ubicada en la península de Crimea) donde se encuentra el mayor astillero de la ex URSS y la flota del Mar Negro, y el desarrollo de la industria pesada en las regiones que Rusia apoya su autonomía (Donetsk y Lugansk) que fue el centro de la Guerra Civil del año 2014. Por lo tanto, la posibilidad de que Ucrania quede bajo la órbita de la OTAN es una amenaza enorme para la seguridad de Rusia.

Estados Unidos presionó a Rusia rompiendo el acuerdo de “ni un centímetro más al Este” luego de la disolución de la URSS. La OTAN se ha movido hacia el Este más de “un centímetro” con la incorporación de trece países: República Checa, Polonia, Hungría (1999), Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Rumanía, Bulgaria, Eslovenia (2004), Albania, Croacia (2009) y Montenegro (2017). Por lo tanto, la actitud de Rusia pareciera lógica, desde el punto de vista de la lucha entre potencias, en no negociar ni aceptar el despliegue de misiles de la OTAN en Ucrania. Europa Oriental dejó gradualmente de funcionar como “escudo” de Rusia. La agresión imperialista de Putin en Ucrania, podría ser aprovechada por la OTAN para avanzar en Europa Oriental y llevar a mayores tensiones en la región y el mundo. El escenario creado, en definitiva, termina aquejando a los pueblos que sufren los conflictos armados y las sanciones económicas. El propio Biden en el discurso en el que anunció las sanciones económicas, como en la apertura del Estado de la Unión afirmó que «Putin pensó que podía dividirnos, pero se equivocó» y que “junto con nuestros aliados, brindamos apoyo a los ucranianos en su lucha por la libertad. Asistencia militar. Asistencia económica. Asistencia humanitaria. Y continuaremos ayudando al pueblo ucraniano mientras defiende a su país”[2]. Estados Unidos se muestra como “protector de la libertad”, ante los invasores. Pero no hay que olvidar que Estados Unidos invadió y bombardeó Yugoslavia, Irak, Afganistán, el norte de África, y estuvo detrás del golpe de Estado en Bolivia y las amenazas recurrentes a países latinoamericanos, y presiona financieramente, a través del FMI, a países como Argentina. Hipocresías que tampoco cambian.   Pareciera que la estrategia de la Casa Blanca es utilizar la escalada bélica para aislar y debilitar a Rusia, fortalecer a la OTAN en Europa en medio de su declive relativo, al mostrarse como protector ante la amenaza rusa. Madeleine Albright (ex secretaria de Estado de EEUU entre 1997 y 2001) en el New York Times[3], afirma que Putin estaría cometiendo un error histórico ya que con “ese acto de agresión llevaría a la OTAN a reforzar considerablemente su frente oriental y a considerar ubicar fuerzas de manera permanente en los Estados bálticos, Polonia y Rumania”. Queda expuesto en la batería de severas sanciones contra Rusia (sin precedentes en relación a conflictos similares llevados adelante por Estados Unidos y sus aliados) que van excluir a determinados bancos rusos del sistema financiero SWIFT, que les imposibilita los movimientos de pagos entre miles de institutos financieros en 200 países; prohibiciones a la exportación de bienes, tecnología y servicios para la industria aeroespacial; se prohibió a los medios estatales rusos RT y Sputnik distribuir su contenido tanto en televisión como en internet dentro de la UE y Estados Unidos; entre muchas más. En la editorial del 1 de marzo del Global Times (perteneciente al periódico Diario del Pueblo del PCCh) afirman que “China está dispuesta a desempeñar un papel constructivo en la búsqueda y realización de la paz, pero nunca bailará bajo la batuta de Washington. A lo largo del desarrollo de la crisis de Ucrania, es demasiado obvio que Estados Unidos ha estado creando la crisis, transfiriéndola y beneficiándose de ella”.

Otro elemento que está jugando un peso importante en el conflicto es el abastecimiento energético de Europa. Rusia destinó en 2020 el 77,65% del total de sus exportaciones de gas y el 53% de su petróleo a Europa, lo que configura una interdependencia, ya que Europa importa alrededor del 40% del gas ruso. El presidente Joe Biden, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen emitieron un comunicado conjunto afirmando que “trabajamos juntos para lograr un suministro continuo, suficiente y oportuno de gas natural a la Unión Europea desde diversas fuentes de todo el mundo para evitar interrupciones del suministro, incluidas las que podrían resultar de una nueva invasión rusa de Ucrania”[4] . Estados Unidos planea suplantar a Rusia como exportador de gas, o buscar otras alternativas para cortar lo principal de las exportaciones rusas, llevándolo a la quiebra económica. La pausa en la construcción del nuevo gasoducto Nord Stream 2, que provee gas a través del Mar Báltico desde Rusia a Alemania coincide con ese objetivo.

Sin embargo, según Gabriel Merino[5], dentro de la UE se encuentran dos proyectos estratégicos que se manifiestan con diferencias en relación con el conflicto con Rusia: el proyecto germano-francés centrado en el Euro y el espacio continental europeo versus el proyecto anglosajón de la UE sin Euro como área de libre comercio subordinada al globalismo financiero angloamericano. Berlín avanza hacia el Este y choca con Rusia, pero también sabe que, sin un mundo multipolar con China y Rusia de contrapeso, queda subordinado al bloque global anglosajón y debe olvidarse de su proyecto europeo. Europa termina pivoteando entre los acuerdos económicos con China y el apoyo militar a Estados Unidos.

Las alianzas fundamentales en las que se ha basado la hegemonía norteamericana durante el siglo XX y principios del XXI estuvo asociada a Europa Occidental, por ello es clave impedir el crecimiento de alianzas “euroasiáticas”. Alianza que tiene la punta de lanza en el proyecto de la “ruta de la seda del siglo XXI” llevado adelante por China, que está ligado a una acumulación de capital a escala global que se orienta cada vez más hacia el Este y el continente asiático requiere movilizar recursos para conectar las cadenas globales de valor con Asia Central, Europa y América Latina.

La alianza Moscú-Beijing, a pesar de la desconfianza histórica, goza de buena salud. Rusia produce la energía que China necesita para apuntalar su rol de fábrica del mundo, en el año 2013 la petrolera estatal rusa Rosneft concretó un acuerdo de 270.000 millones de dólares para duplicar el suministro de petróleo para China[6]. El jefe de Rosneft, Igor Sechin, aliado cercano de Putin, dijo que su compañía se ha comprometido a abastecer a China con 365 millones de toneladas de petróleo durante 25 años a partir de la segunda mitad de la década. En 2014 Gazprom y National Petroleum Corporation firmaron un acuerdo de 30 años para utilizar el gasoducto Power of Siberia para exportar gas ruso a China[7].

Lo que parece una constante, es la vieja costumbre de guerrear. El escenario global cambió cualitativamente con la invasión rusa a Ucrania, crece la inestabilidad y se ahonda la incertidumbre. Quienes afirman que se puede construir un mundo multipolar estable y pacifico a cargo de las instituciones globales, dejan de lado que el capitalismo tiende inevitablemente al conflicto y reeditan una vieja discusión entre Kautsky y Lenin. Kautsky afirmaba que los intereses de las grandes potencias tendían a ir forjando acuerdos que llevarían a la conformación de un “superimperialismo” donde las potencias explotarían de forma conjunta y pacífica a los países atrasados. Lenin polemizó afirmando que la tendencia del imperialismo, más allá de acuerdos coyunturales, llevaba al conflicto y a la guerra. En la trama de cambio histórico que vivimos, las afirmaciones de Lenin cobran mayor fuerza.

Vivimos un momento de transición histórica, el orden mundial fundado posterior a la Segunda Guerra Mundial y reconfigurado luego de la caída del Muro de Berlín entró en crisis sistémica: no sólo económica sino también de legitimidad. La pandemia provocó un enorme golpe recesivo global. La redistribución del poder y las riquezas es el trasfondo. Al ascenso de Asia Pacífico, principalmente de China y, por otro lado, la crisis de hegemonía de Estados Unidos y sus aliados, se le suma la intención de Rusia de volver a ser una potencia de primer orden y el pivoteo de Europa. Sumado a las luchas en los países oprimidos por mayores grados de autonomía en regiones como América Latina. Movimientos que son propensos a mayores escaladas bélicas. La nueva carrera armamentista retrotrae a situaciones similares a la Primera Guerra Mundial, incluso los países europeos están incrementando sus gastos en defensa, el canciller alemán Scholz anunció en un discurso, hace unos días, que triplicará el presupuesto de defensa para rearmarse contra Rusia.[8] Esto se suma a los descomunales gastos de Estados Unidos, China y Rusia. 

El recrudecimiento de conflictos y crisis más recurrentes que son aceleradas por las estelas de la crisis del 2008, el desarrollo desigual y las inéditas consecuencias económicas y sociales de la pandemia, llevan a choques entre potencias imperialistas que traen enormes sufrimientos a los pueblos, que hoy lo vemos tanto en Ucrania como en las guerras en diferentes regiones del mundo. La hegemonía mundial de Estados Unidos está en crisis, pero lo que surge en su lugar no es una alternativa anticapitalista. Al mismo tiempo, el desarrollo de estas guerras puede generar escenarios de debilitamiento de las potencias, y abrir una brecha para que los pueblos irrumpan con la bandera de la paz, de la descolonización, el antiimperialismo y el anticapitalismo. 

¿Guerra justa o guerra imperialista?

Dentro de los innumerables análisis que surgieron, aquí rescataremos algunas voces que pueden ser útiles para pensar este problema.

El Historiador de izquierda, militante del PSOL (Resistencia), Valerio Arcary, en un artículo en Jacobin titulado “Ucrania: ni Putin ni la OTAN son inocentes[9] afirma que la decisión de Putin es defendida por una parte de los sectores más combativos de la izquierda, recordando con razón que la OTAN ha ido cercando a Rusia. Pero que el arsenal nuclear de Rusia sigue siendo más que suficiente para protegerla de cualquier país del mundo. Rusia es una potencia imperialista, aunque en un lugar subordinado, y con esta invasión amplía su área de influencia. Por lo tanto, según el autor, “el programa marxista es el internacionalismo. Hoy, esta bandera se concreta en la defensa de un alto el fuego inmediato, para el fin de la guerra, frente a la presencia de las tropas de la OTAN en Europa del Este y de las tropas rusas en Ucrania.”

El economista argentino Claudio Katz, afirma que “la crítica al operativo de Putin es insoslayable en cualquier pronunciamiento de la izquierda. Pero ese posicionamiento debe ser antecedido por una contundente denuncia del imperialismo norteamericano como principal responsable de la escalada bélica”[10], pero aclara que no justifica la respuesta militar del Kremlin, que es muy contraproducente para todos los proyectos de emancipación, ya que Putin no se limitó a justificar el ataque como una acción defensiva frente a la OTAN, sino que señaló que Ucrania no tiene derecho a existir como nación. Esa caracterización, según el autor, “sitúa su operativo en otro plano más inaceptable de impugnación del derecho de un pueblo a decidir su destino”.

Dentro de las voces que expresaron la caracterización de Rusia como imperialismo se encuentra la de Luis Molinas, del PCR de Argentina, quien sostiene que “se está desarrollando una intensa campaña política e ideológica tendiente a aceptar los crímenes en Ucrania en nombre del enfrentamiento con los EEUU. Pero no vemos que Rusia ataque a ninguna de las tantas bases de la OTAN en Europa y a ningún militar yanqui, sino que usa sus fuerzas armadas para someter y anexar un país lleno de cereales y de gas”[11] e inscribe la actual invasión a un historial de agresión en Chechenia (2000) y (2009), en Georgia (2008), Crimea (2014 y posterior anexión), en Siria desde el 2015 pretextando el combate al “terrorismo”, en Azerbaiyán. Kazajistán y Belarus. Y plantea «la solidaridad activa con el pueblo de Ucrania frente a la invasión rusa, fuera  las bases militares y las tropas de la OTAN y demás imperialismos».

El ex Sec. Gral. de Podemos, Pablo Iglesias, publicó “9 tesis sobre la guerra y la izquierda”[12] acusa a Putin de nacionalista de derecha y señala que las guerras traen fascismo y que “es tiempo de internacionalismo y de antifascismo militante en defensa de la democracia y de la paz. Eso supone poner el foco en la defensa de las poblaciones civiles afectadas hoy por la agresión rusa”, y pone el acento en la crisis de refugiados “a los que se debe atender y proteger. Mañana será la población civil rusa la que será víctima de las sanciones y muy pronto serán las poblaciones europeas las que padezcan el encarecimiento de la energía y el parón de la recuperación económica”.  Al momento de escribir estas líneas, casi un millón de refugiados salen de Ucrania hacia Polonia.

Refugiados ucranianos caminan por la carretera para cruzar la frontera de Ucrania a Moldavia, en el cruce fronterizo Mayaky-Udobne cerca de Udobne.

El filósofo esloveno Slavoj Žižek[13] afirma que durante las protestas en Ucrania en 2014  los furiosos ataques eran contra las estatuas de Lenin que funcionaban como símbolo de la opresión soviética, y que la Rusia de Putin se percibe como una continuación de la política soviética de someter a las naciones no rusas a la dominación rusa. El autor sostiene que “hubo una profunda ironía en ver a los ucranianos derribar las estatuas de Lenin como una señal de su voluntad de afirmar su soberanía nacional: la era dorada de la identidad nacional de Ucrania no fue la Rusia zarista (donde se frustró la autoafirmación ucraniana como nación), fue en la primera década de la Unión Soviética cuando establecieron su identidad nacional completa”. Žižek nos recuerda que Lenin es “culpable” de tomarse en serio la autonomía de las distintas naciones que componían el imperio ruso, de cuestionar la hegemonía rusa. Putin, también culpa a Lenin: «la Ucrania moderna fue creada en su totalidad por Rusia o, para ser más precisos, por la Rusia bolchevique y comunista. Este proceso comenzó prácticamente después de la revolución de 1917, y Lenin y sus socios lo hicieron de una manera extremadamente dura para Rusia: separando, cortando lo que es históricamente tierra rusa». En realidad, con lo que no acuerda Putin, es que posterior a la Revolución de octubre de 1917, el movimiento revolucionario dirigido por Lenin, se comprometió con el principio de autodeterminación de los pueblos oprimidos. Este derecho se consagró posteriormente en los años de la constitución de la Unión Soviética, como unión de repúblicas socialistas.

Lenin y la autodeterminación de las naciones. Mao y el internacionalismo

Lenin postuló el derecho de cada nación a su autodeterminación, a poder crear su propio Estado. Pero había que advertir en cada situación concreta si ese reclamo iba en sentido de la confluencia de los pueblos oprimidos con la clase obrera. Con la autodeterminación buscaba reducir las contradicciones y tensiones nacionales y étnicas que eran utilizadas por los opresores y explotadores locales y externos. Según Lenin “la tarea consiste en salvaguardar la unidad de la lucha de clases del proletariado por la conquista del socialismo, repeler todas las influencias burguesas y ultrareaccionarias del nacionalismo”[14]. Por ello, estaba de acuerdo en luchar contra el nacionalismo gran ruso y reconocer la igualdad de todas las naciones al derecho de formar un Estado, es decir, el derecho a la autodeterminación, a la separación. Desde este punto de vista, era necesario medir el carácter progresivo o regresivo de cada movimiento nacionalista. La pregunta a responder era: qué movimiento favorecía el objetivo socialista. Para ello debía unir puentes entre el comunismo y el nacionalismo antiimperialista.

Mao Tse-Tung se preguntó si ¿puede un comunista, que es internacionalista, ser al mismo tiempo patriota?[15], su respuesta es útil para pensar el problema. En los países imperialistas el internacionalismo se práctica estando en contra de su nación, y pone el ejemplo de Alemania y Japón en la previa a la Segunda Guerra Mundial: “los comunistas deben oponerse resueltamente al «patriotismo» de los agresores japoneses y de Hitler. Los comunistas japoneses y alemanes son derrotistas respecto a las guerras sostenidas por sus países”. En cambio, en las naciones oprimidas y agredidas por el imperialismo: “la derrota de los imperialistas que la invaden constituirán una ayuda para los pueblos de los demás países. De ahí que, en las guerras de liberación nacional, el patriotismo sea la aplicación del internacionalismo. Por esta razón, cada comunista debe desplegar toda su iniciativa, marchar valerosa y resueltamente al campo de batalla de la guerra de liberación nacional”.

En base a este análisis es importante recuperar los aportes teóricos en torno a la autodeterminación de los pueblos y su derecho a existir como naciones, libre de toda intromisión extranjera. Así como denunciar la invasión rusa a Ucrania, denunciar al mismo tiempo el papel de fogonero de Estados Unidos y la OTAN, y en contra de toda guerra interimperialista que traiga sufrimiento a los pueblos. Ante las crisis y conflictos globales que se avecinan, pelear por un programa antiimperialista y anticapitalista, que promueva la paz de los pueblos recuperando las mejores tradiciones de lucha revolucionaria y emancipatoria.


* Matías Rodríguez Gianneo es profesor de Historia (UNMdP). Co editor de Revista Lanzallamas.

Foto de tapa: Emilio Morenatti

[1] https://www.agrositio.com.ar/noticia/221535-ucrania-rusia-efectos-sobre-los-mercados-internacionales-y-el-agro-argentino

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-60582627

[3] https://www.nytimes.com/es/2022/02/23/espanol/opinion/rusia-ucrania-invasion-putin.html

[4] https://elpais.com/internacional/2022-01-28/estados-unidos-y-la-ue-se-alian-para-garantizar-el-suministro-de-gas-a-europa-en-caso-de-bloqueo-ruso.html

[5] ¿Nueva guerra fría o guerra mundial fragmentada?: el resurgir de Rusia, el avance de China, los nuevos bloques emergentes y el desafío a las fuerzas unipolares de Occidente. Gabriel Merino/ Carlos Alberto Rang (comp), EDUNAM, 2016. Pág, 23-24.

[6] https://www.reuters.com/article/internacional-petroleo-rosneft-china-idLTASIE95K00C20130621

[7] https://theconversation.com/oso-y-dragon-el-vinculo-estrategico-entre-rusia-y-china-en-el-nuevo-orden-multipolar-178015

[8] https://www.wsws.org/es/articles/2022/03/03/scho-m03.html

[9] https://jacobinlat.com/2022/02/28/ucrania-ni-putin-ni-la-otan-son-inocentes/

[10] https://jacobinlat.com/2022/03/02/dos-confrontaciones-en-ucrania/

[11] https://pcr.org.ar/nota/la-invasion-rusa-a-ucrania-y-el-acuerdo-con-el-fmi/

[12] https://es.ara.cat/opinion/9-tesis-guerra-izquierda_129_4284614.html

[13] https://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna/2022-02-24/slavoj-zizek-lenin-donbas-ucrania_3380578/

[14] Lenin, Obras escogidas, Ed. Problemas, Bs As, 1946. Pág 363.

[15] https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/CPNW38s.html Mao Tse-tung El papel del Partido Comunista de China en la Guerra Nacional, Octubre de 1938.

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