¿Existe la escuela sin ideología?

*Por Agustín Moisano

“Nos oponemos a todo tipo de adoctrinamiento (…) Eso no es docencia”

Ministro de Educación Nicolás Trotta

“Que haya tenido el debate es formidable, porque invita a pensar”

Alberto Fernández, sobre la maestra acusada de “adoctrinar” alumnos.

“La ideología dominante no solo opaca la realidad

sino que nos vuelve miopes para no ver claramente esa realidad”.

P. Freire. Cartas a quien pretende enseñar

Laura Radetich se desempeña como profesora en la Escuela Técnica N° 2 María Eva Duarte de Ciudad Evita, partido de La Matanza. Fue la protagonista de una de las noticias más difundidas por los medios masivos de comunicación durante la semana pasada. El video, de poco más de cuatro minutos, muestra una escena en un aula donde la docente expresa un claro posicionamiento político partidario y lo defiende a gritos frente a estudiantes que la estaban filmando a escondidas. Una situación atípica que se suma al inconmensurable mundo de la crisis educativa actual.

Queda claro, a esta altura, que no se harán juicios de valor sobre la situación ocurrida en el video sino que va a ser tomada como una oportunidad para repensar a la tarea pedagógica docente y a la escuela pública actual. Para ello, intentaremos des-cubrir los supuestos político-ideológicos que se expresan en el tratamiento de la noticia, donde las opiniones son fruto de estas propuestas ideológicas subrepticias.

Desde la experiencia a la reflexión…

Intentamos rastrear en la memoria situaciones vividas o escuchadas que se asemejen a la del video. Creemos poder detectar algunas. Hace algún tiempo, un preceptor de una escuela secundaria se había atrincherado en un aula en una crisis de nervios; en otra oportunidad recordamos haber escuchado a compañera que gritaba al borde del llanto a lxs estudiantes, por algo que, fuera de contexto, parecería ser una menudencia. También creemos haber perdido los estribos ante alguna u otra situación, situación ante la que no estábamos formados y la capacidad de respuesta era mínima, como mucho un grito…

Del mismo modo buscamos elementos para poder pensar, interpretar, reflexionar estas situaciones, excepcionales, sí, pero más comunes de lo que parecerían. No significa esto que sean las escuelas lugares de extrema violencia, donde lo cotidiano es el maltrato o el grito pero sí que esas situaciones existen, en menor medida, pero existen…

Lo llamativo del caso es que el motivo que llevó a la docente a expresarse de la manera en que lo hizo fue la defensa de una propuesta política determinada y, en momento de elecciones, eso es sangre para los tiburones mediáticos que defienden la opuesta.

La noticia generó muchos artículos de opinión, horas de programas televisivos, discursos grandilocuentes de opositores, cortocircuitos dentro del frente gobernante, declaraciones presidenciales, enojo de la docencia (por estar a favor o en contra de la docente en cuestión)…

Este artículo tiene como objetivo el de aprovechar la situación descripta como una oportunidad para pensar la educación. Y para hacerlo podemos animarnos a decir que hay que hacerlo en 3 escalas o niveles.

Por un lado lo específico del debate que entendemos que, sin ánimo de quitarle importancia, es una muestra más de algunos debates que se expresan por fuera de la escuela y, lo que es más serio y preocupante, se expresan con la misma liviandad. En este sentido se ha hecho mucho ya: se ha cuestionado la política llevada adelante por el kirchnerismo (así lo expresan los medios) y el macrismo durante sus gobiernos, se ha utilizado el video para atacar directamente a uno u otro sector político, etc. Este nivel, de coyuntura,  es la versión instintiva, superficial, primitiva, vacía  de un debate mucho más profundo que se expresa en cada una de las posiciones políticas.

Nos interesa pensar la situación del video que se viralizó en otro plano, en aquel que hace al de los proyectos políticos que le dan forma a las opiniones y que se instalan en la agenda pública. Por un lado, el accionar, papel, rol o  tarea (o como quiera decírsele) del docente actual  de la escuela pública actual y, por otra parte, sobre la escuela y la educación pública y los proyectos políticos que la definen.

Sintetizando, el debate mediático es para la educación lo que la experiencia sensorial es para el acto de conocer. Un punto de partida que nos permite reflexionar para llegar a generalizaciones y trabajar hacia la transformación de lo concreto tangible. ¿Qué se critica cuando se critica?

De la crítica reaccionaria al posicionamiento conservador

Como quedó expresado en el principio del artículo, no haremos juicios valorativos sobre qué dijo o no dijo la docente en cuestión sino que preferimos repensar las formas en que lo dijo, siendo el pie para una crítica despiadada de los sectores más conservadores de la política. Y justamente porque toman la forma de expresarse de la docente para hacer una crítica implícita a la docencia en su conjunto y a la escuela pública en general. Así entonces, no es de extrañar que sean esos mismos sectores los que hasta hace algunos años pensaban a la escuela pública como un lugar donde se cae, a sus trabajadores como inescrupulosas entidades que tomaban a las infancias de rehenes y a las universidades como algo exclusivo de los que son dueño de todo. El impulso de un anteproyecto de reforma educativa que no prosperó en su totalidad (pero sí que supo consolidar algunos aspectos en la práctica) fue tal vez, la manifestación normativa de esa educación de doble sentidos. El ostentoso título de “Plan Maestr@” expresaba a las claras una reforma educativa que, basándose en las falencias ciertas de un sistema educativo fragmentado y deficiente, proponía una salida por “derecha”. La propuesta era de reestructuración del sistema educativo público tanto en su organización como en su política curricular, que impactaría en todos los actores que participan en la política educativa: estudiantes, docentes, familias, el mismo Estado, los sindicatos y otras instituciones (ONG’s, empresas, etc.). Conceptos propios del mundo empresarial, que se mostraban como nuevos y modernizantes son los mismos que aparecen en la crítica a la docente matancera, en búsqueda de generar consensos sociales sobre la base de presentar a la escuela como la culpable de los problemas estructurales de nuestra sociedad (desempleo, pobreza, desigualdad, populismo, etc.).

Lxs docentes que queremos (y necesitamos)

Todo acto pedagógico es un acto político

Hay que saber distinguir de dónde proviene la crítica cuando se la hace. En una sociedad donde la simplificación es moneda corriente en el debate político, donde lo secundario se vuelve lo principal y donde lo necesario y mínimo se vuelve virtud, es ineludible volver a re-pensar lo importante.

En todo caso, si hay algo que criticar a la docente es que no habilitó el diálogo a partir y desde la pregunta. Si algo podemos afirmar, y en el aula lo reafirmamos diariamente, es que desde el grito no se puede desarrollar el pensamiento crítico. No solo porque se clausura el potencial diálogo sino porque el modo mismo coarta la posibilidad de con-vencer.

El no saber guiar el debate,  tornó a la docente en reproductivista de un discurso, negando la potencialidad de la pregunta para la construcción del conocimiento. Lo reprochable es que no supo utilizar, para construir saber y generar pensamiento crítico, los supuestos “ingenuos” del estudiante (entendiendo a lo ingenuo como la versión también reproductivista del discurso mediático, del sentido común). ¿No es acaso ésta la tarea fundamental de aquel que se considere docente? ¿El saber aprovechar la pregunta para pensar, cuestionar y transformar el mundo de ese estudiante?

¿Qué se tendría que decir entonces cuando afirmamos que todo acto pedagógico es un acto político?

Hacia principios de los ’80 le preguntaban a Paulo Freire qué diferencia existía entre lo político y lo pedagógico. Éste expresaba la interpenetración de lo político en lo pedagógico y viceversa. La especificidad de lo político sería la de vencer la propuesta antagónica de la concepción del mundo de una clase, la especificidad de los pedagógico es la de convencer que nuestra percepción del mundo es la correcta, y, por sobre toda las cosas, el método dialéctico, dinámico y contradictorio que nos permitió pensar el mundo[i].

Ser docente requiere mucho más que técnicas y saberes. Requiere, sobre todo, posicionamientos políticos (que no necesariamente son político partidarios, aunque bien podrían serlos). Y esto, necesariamente implica también que el/la docente, además de comprometidx por las causas populares debe tener humildad; requiere valentía para escuchar y aceptar lo diverso “en el seno del pueblo”, valentía para dar el debate, desafiando el miedo que producen ciertas situaciones. Ser decididx, paciente pero perseverante, segurx, científicx, clarx, determinadx y alegre. Sin duda son cualidades que debe tener aquel/la comprometidx con la tarea de enseñar. Esto es, en sí un acto político.

La escuela como campo de y en disputa

¿Qué subyace detrás del abismo?

La escena escolar viralizada permitió que sectores conservadores impongan, una vez más, su percepción del mundo y de la escuela que necesita ese mundo. Pero existe otra. Tampoco la expresa la docente en cuestión pero consideramos importante remarcarlo ya que ese un punto central: ¿Necesitamos una escuela para reproducir saberes o para generar conocimientos? ¿Para sostener discursos conservadores o  prácticas democráticas? ¿Una que se base en la fuerza o en el consenso? ¿Una escuela que se imponga o se construya? En definitiva, ¿una escuela que tenga como objetivo sostener el statu quo o cambiar la realidad?

Los medios y dirigentes opositores expresaron su posición a lo largo de la semana. A veces de manera explícita, otras veces de manera más cautelosa imponen la idea del espacio exclusivo del puro enseñar y el puro aprender, donde no hay lugar para la política. No hay lugar para los cuestionamientos y las resistencias. Son la negación de la politicidad de la educación. Buscan eliminar las diversidades. Intentan imponer sus absolutas verdades, arrogantes y soberbias.

Analizar a la escuela desde las relaciones dialécticas y no mecánicas, por el contrario,  implica entender al subsistema educacional en tanto subsistema de un orden social global. Así, la tarea principal de la escuela no puede ser otra que la de reproducir su ideología dominante, la de preservar un statu quo. Pero esto no agota el quehacer de la escuela. Hay otra tarea que se manifiesta y se expresa: entre ruido de paquetes de golosinas baratas, estudiantes apáticos, de instantáneas lecciones y dispositivos tecnológicos que irrumpen en el aula, la escuela tiene la misión de desocultar la realidad. La misión de convertirse en desafío y no en un pesar.


[i] Freire, P. Y otros Pedagogía, Diálogo y conflicto. Ediciones Cinco, Buenos Aires, 1987

Agustín Moisano es Profesor en Historia, egresado de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Participó en diversas cátedras del trayecto de formación docente de la facultad de Humanidades (Sistema educativo y Currículum, Didáctica General, Didáctica de la Historia y Práctica Docente) como adscripto primero y Ayudante después.

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