Las primeras vacunas soberanas son cubanas

*Por Matías Maciel

“¿Para qué, sino, para poner paz entre los hombres,

han de ser los adelantos de la ciencia?”

José Martí

De Milán a la Habana…

Los científicos cubanos del Instituto Finlay (IFV)[1] y Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB)[2], han superado en tiempo récord todos los obstáculos. Abdala,  ya es vacuna. Su eficacia comprobada es noticia mundial y asombra. Una pequeña nación, hostigada y sin recursos, es capaz de un hecho científico de escala mundial: obtener las dos primeras vacunas de Latinoamérica contra el COVID-19.  

El anfiteatro del CIGB de Cuba fue el escenario de la noticia. La foto de los investigadores de delantal blanco saltando de sus bancos al ver el 92,28% en la pantalla recorrió el mundo. No es para menos. Cuba ha creado una de las inmunizaciones más eficaces del mundo. Sólo otras cuatro vacunas alcanzaron una eficacia superior al 90%: Sputnik V, Pfizer, Moderna y Novavax. La imagen de la bandera cubana recorrió las redes y los medios internacionales. Los hashtags #MasQueUnaVacunaEsUnPaís #EliminaElBloqueo fueron ordenando los mensajes de alegría y felicitaciones. Claramente el avance científico se leyó en un doble frente de batalla: pandemia y bloqueo.   

Si juntamos esta imagen con otra que tuvo mucho impacto: la brigada médica cubana que arribó a Milán, Italia, el 22 de marzo del año pasado, integrada por 52 profesionales de la salud para ayudar en el peor momento de la pandemia en ese país, nos dan un pantallazo de la potencialidad que demostró Cuba en el campo de la salud durante la pandemia. Quizás le podríamos – o mejor dicho deberíamos –  sumar a este cuadro una tercera imagen: el abordaje territorial que desplego la isla para abordar en forma integral la pandemia, el trabajo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y del programa médicos y enfermeros de familia para la detección temprana de los casos y su pronta atención. Estrategia que permitió ralentizar los contagios y ganar tiempo hasta la llegada de la vacuna[3]. Tres elementos centrales: Atención Primaria de la Salud (APS), desarrollo científico autónomo y solidaridad internacional.       

La isla caribeña tiene cinco Candidatos Vacunales (VC) contra el covid-19, todos con nombres patrióticos: Abdala (con 92,28% de eficacia en tres dosis) y Mambisa (esta última tiene la peculiaridad de ser administrada mediante un espray nasal), creadas por el CIGB; Soberana 01, Soberana 02 (con un 62% de eficacia con solo dos dosis) y Soberana Plus, que son desarrollados por el IFV. Los prototipos cubanos son vacunas de subunidad proteica, que se basan en inocular una proteína de la espícula del coronavirus, la parte que se une a las células que infecta, para producir una respuesta inmunológica. Una plataforma muy utilizada y probada por la ciencia cubana.

La noticia, además de importante, fue un alivio. Tengamos en cuenta que Cuba no pidió formar parte del mecanismo Covax de la Organización Mundial de la Salud creado para que los países de ingresos medios y bajos accedan a las vacunas, ni tampoco ha establecido contratos para adquirir vacunas en el mercado internacional (tenía posibilidades ciertas de acceder a las vacunas chinas y rusas). Apostaron todo al éxito de las investigaciones nacionales en curso. Una actitud, sin lugar a dudas, muy valiente y decidida.  

 

Foto: Ramón Espinosa. AP

Colón, espejos y sorpresas

En 1961, un millón de cubanos aprendieron a leer y a escribir y miles de voluntarios borraron las sonrisas burlonas y las miradas compasivas que habían recibido cuando anunciaron que lo harían en un año. Algo similar sucedió cuando decenas de investigadores/as estallaron frente a la pantalla que indicaba que el Candidato Vacunal Abdala tenía la misma efectividad que las vacunas “tops” del mundo. El ritmo de vacunación que está teniendo la isla muestra que el objetivo de inmunizar a toda la población antes del mes de diciembre, empieza a dibujarse en el horizonte. Eduardo Galeano escribió en la “ventana” dedicada a Cuba en su libro Espejos. Una historia casi universal, un pasaje que puede brindarnos una guía para comprender las raíces históricas de la reiterada “sorpresa” que generan los avances en materia de salud, educación y ciencia de la isla. Escribe el escritor uruguayo: “Como no entendía lo que esos nativos decían, Colón creyó que no sabían hablar; y como andaban desnudos, eran mansos y daban todo a cambio de nada, creyó que no eran gentes de razón”.[4]

Estados Unidos intenta, con restricciones y bloqueos, cercar y frenar el desarrollo cubano que actúa, en los hechos, como espejo -continuando en la línea de Galeano- que le devuelve a la superpotencia un contraste demoledor. Michael Moore utiliza este método comparativo en su documental Sicko. Relata una historia simple pero muy potente.  Una mujer estadounidense profesional de capas medias entra en quiebra debido al costo de los servicios médicos y de los medicamentos. Tiene que pagar por una de las pastillas para el cáncer 250 dólares mensuales, pastillas que luego obtendrá en Cuba por 5 centavos de dólar. El bloqueo funciona como asfixia económica y encubrimiento del funcionamiento no mercantil de la salud.

El bloqueo, que fue nuevamente repudiado por la comunidad internacional en la última Asamblea de Naciones Unidas, restringe el acceso a equipos de alta tecnología, materias primas y reactivos de buena calidad, generando muchas dificultades y un incremento de los costos de producción de vacunas y medicamentos. El Alto Comisariado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas subraya que “las restricciones impuestas por el embargo han contribuido a privar a Cuba de un acceso vital a los medicamentos, las nuevas tecnologías médicas y científicas”.[5]

El anuncio se produce en momentos en que la isla vive un fuerte rebrote de la enfermedad. Desde el inicio de la pandemia se contabilizaron 190.993 casos y 1284 fallecidos, al momento de escribir esta nota. Más allá de la gestión exitosa de la pandemia que ubica a la isla entre las mejores experiencias del mundo, el cansancio de la población por los impactos económicos y sociales comenzaron a sentirse significativamente. Y a medida que los casos comenzaron a incrementarse a fines de enero, Cuba necesitaba implementar vacunas con urgencia.

18 meses y 500 noches.

Es interesante sobrevolar, al menos rápidamente, algunas opiniones que dan muestra de lo vertiginoso que fue la carrera por la vacuna.  Cuba logró en 18 meses algo realmente impactante si tenemos en cuenta las dificultades presupuestarias y de insumos que señalamos al comienzo de la nota. La investigación fue realizada por institutos públicos que colaboran con científicos de institutos de otros países. El esfuerzo de cientos de profesionales fue inmenso para llegar al objetivo. Así recuerda estos meses el licenciado Yury Valdés Balbín, director adjunto del Instituto Finlay de Vacunas: “sin descanso, sin no hacer más nada que no sea trabajar con esta intensidad que hemos hecho y siempre con la mira puesta en poder darle salud a nuestra gente”.

El 31 de diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud de Wuhan (provincia de Hubei, China) notifica un conglomerado de casos de neumonía en la ciudad. Posteriormente se determina que están causados por un nuevo coronavirus. Cinco meses después un grupo de científicos y científicas cubanas proponen el diseño de las primeras vacunas contra el COVID-19.

Vicente Vérez Bencomo, director general del Instituto Finlay de Vacunas, recuerda de la siguiente manera uno de los momentos iniciales del proceso “el 19 de mayo (2020) tuvimos un encuentro con el presidente, teníamos varios proyectos, se los presentamos, y quedó satisfecho, pero nosotros no. Nos dijo que la tarea de los científicos no había terminado, que no iba a terminar hasta que no tuviéramos la propia. Otras podrán llegar primero, pero nosotros necesitábamos nuestra vacuna porque necesitábamos tener soberanía” y continúa “De allí salimos, nos sentamos, y en tres días ya teníamos un diseño de vacuna. Tuvimos que diseñar un proyecto muy rápido que tuviera el menor por ciento de incertidumbre con la mayor posibilidad de innovación posible. La Soberana 1, la 2, incluso lo que es la Plus hoy, nacieron en esos tres días”.

Los ensayos clínicos de intervención comenzaron entre los trabajadores de la salud y el personal de biotecnología. Después de analizar los datos del ensayo de fase 2 de Abdala y Soberana 02 y establecer su seguridad para uso humano, en mayo, se dio lanzamiento a la vacunación a mayor escala, en un mes después, el sistema de salud cubano efectivizo la vacunación de casi 3,5 millones de personas.

Otro testimonio que ayuda a retratar el intenso trabajo realizado es el del director de Investigaciones Biomédicas del CIGB Gerardo Guillén, “Desde febrero del año pasado no se ha dejado de trabajar un día, venimos aquí todos los días, desde las 7:00 a.m. hasta las 11:00 p.m. o 12:00 pm, y eso sería imposible sin la comprensión y el respaldo de la familia. Los procesos biológicos no se ajustan a un horario de trabajo, no puedes ponerle horario a la célula, hay que trabajar hasta que termine, y hasta la hora necesaria”.[6]

Vacunas contra las miradas burlonas y las sonrisas compasivas.

La pandemia puso en el centro del debate público el sistema de salud. Las grandes inequidades y desigualdades quedaron al descubierto. También la necesidad de que los Estados recuperen la centralidad en la planificación y la ejecución de las políticas públicas. En este sentido, es fundamental mirar y pensar el ejemplo cubano. Aquí solo nos centraremos en dos aspectos que hicieron la diferencia en el éxito del desarrollo de la vacuna y dejamos pendiente, para un nuevo artículo, lo que refiere al conjunto de los elementos, disposiciones y lineamientos que hacen al sistema en su conjunto.  

Cuba ha invertido fuertemente en el desarrollo de centros de biotecnología. Esto le ha permitido obtener productos de primera necesidad. La articulación de un denso y complejo sistema de dispositivos ha sido una de las claves. Esto es acompañado por algo sustancial: un sistema nacional de propiedad intelectual, que protege los resultados obtenidos para salvaguardar los derechos del país y así adoptar, libre y oportunamente, las medidas necesarias para proteger la salud pública y promover el acceso a los medicamentos. [1] El CIGB, tan famoso por estos días, es uno de los testimonios de esta línea de desarrollo. El mismo fue fundado en 1986 por el entonces presidente Fidel Castro. A finales de siglo XX ya había creado una treintena de productos, sus estudios se centran en la lucha contra enfermedades infecciosas como el Dengue o el VIH.

Cuba tiene una larga tradición de producción pública de vacunas.  Comenzó a desarrollar sus propios medicamentos en la década del ochenta. De las 11 vacunas de su programa de inmunización, 8 son de producción local. En este desarrollo se destaca: la Vacuna Pentavalente (que produce también Francia) y la Vacuna Antimeningocócica tipo B, solo producida por la isla. Estas vacunas se comercializan en muchos países de la región y el mundo. La vacuna de antihepatitis B que se aplica 24 horas después del nacimiento, que se cumplió 19 años antes de la meta fijada por la OMS, permite considerar eliminada esta enfermedad en menores de 20 años.

Las autoridades de salud cubanas aseguraron que toda la población, más de 11 millones de habitantes, será inoculada con las vacunas nacionales contra el COVID-19 antes de que termine el 2021. Con un calendario ajustado Cuba ya llego a 5 millones de inmunizados con los candidatos vacunales Soberana 02, Abdala y Soberana Plus. La vacunación vigente es en formato de intervención sanitaria, aprobada a partir de conocer la seguridad y proyectar la performance posible de las vacunas. Se realiza a grupos riesgo y en poblaciones con mayores índices de transmisión. Esto sitúa a la Isla Caribeña en el puesto número uno en el ritmo de inmunización y también en cuento a la cantidad de habitantes que se vacunan diariamente. Avanza también la fase 2 en la población pediátrica de Abdala y Soberana 02. Como dijimos se empieza a dibujar en el horizonte el cumplimiento de los objetivos propuestos.

Colaborar es mejor que competir

El éxito de Cuba en la producción de vacunas COVID-19 es un nuevo testimonio del enfoque político con el que se piensa y se realiza el sistema de salud. Centrar sus objetivos en las personas y no en la rentabilidad empresarial trae consigo utilizar métodos de investigación colaborativos, en lugar de competitivos.

En el modelo de I + D competitivo los grupos que investigan en el mismo campo, no se comunican entre sí, especialmente en el sector privado. Son competidores y mantienen el secreto sobre su trabajo. Esto genera una mayor demora en los procesos y un aumento de los costos. Los monopolios hacen todo lo posible para no compartir tecnología y conocimientos y mantienen la protección de la patente el mayor tiempo que les sea posible, lo que les permite cobrar precios desmedidos y arbitrarios, más allá de los costos de producción.

En los modelos colaborativos el conocimiento se comparte entre muchas personas, científicos e institutos. Estos están liderados por la inversión pública. Por tanto, el motivo de la investigación y el descubrimiento (producto) científico es también un bien público.

Cuba ha compartido su tecnología de vacunas con otros países. Esto cobra mayor valor en un contexto donde “las grandes potencias y sus laboratorios reforzaron las fronteras y el racismo para mantener sus ganancias y espacios de poder al bloquear la propuesta de liberación de patentes o derechos de propiedad que permitirían empezar a pensar una solución global a la pandemia. Los datos son contundentes: 10 países ricos concentran aproximadamente el 75% de las vacunas, y hay 130 países que no han recibido ni una”[7].

Jamaica, México, Vietnam y Venezuela expresaron su interés en comprar las vacunas de Cuba. La República Islámica de Irán comenzó a producir Soberana 2 a principios de este año como parte de los ensayos clínicos de fase tardía. A fines de mayo, al regresar de su viaje oficial a Cuba, la Ministra de Salud de la República Argentina, Carla Vizzotti, había mostrado el interés del Gobierno por obtener las tres vacunas candidatas desarrolladas allí: Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus -las dos últimas comparten el ensayo clínico-.

“Es una excelente noticia y nos llena de optimismo en la región, donde sigue habiendo un gran déficit de vacunas”[8], dijo el representante en la isla de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), José Moya.

Descolonizar la mirada

En un artículo anterior señale “Algunos lectores o lectoras  se estarán preguntando, viendo llegar el final del artículo, cuando llega la crítica, el señalamiento de dificultades y los errores. Y aunque podría señalar fraternalmente algunos juicios y opiniones en este sentido, no creo que estos deban ser ni el tema, ni el tiempo para hacerlo” considero que ese comentario sigue siendo oportuno.

Este artículo no tiene grandes pretensiones, solo propone que pueden buscarse ejemplos del manejo sanitario de la pandemia en este rincón del mundo. Muchos analistas buscan ejemplos en los países “desarrollados”, nos hablan del milagro israelí, australiano o japonés. Siempre mirando afuera, lo más lejos posible, como diría Rodolfo Kusch, buscando la “pulcritud” lejos del “hedor” latinoamericano. Encantamiento “ilustrado” que actúa por un lado ocultando los logros de nuestros pueblos, y por el otro, justificando “demoras” en las respuestas soberanas a los desafíos planteados. El historiador catalán Josep Fontana planteo algo muy esclarecedor “la historia (agregamos el presente) no contiene la semilla de un futuro determinado, sino una diversidad de futuros posibles”. Hacia allí vamos.


*Matías Maciel: Profesor en Historia. Docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Tw: @macielmatiasptp

[1] https://www.finlay.edu.cu//

[2] Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba. https://www.cigb.edu.cu/es/

[3] https://revistalanzallamas.com/2020/09/04/la-exitosa-estrategia-de-cuba-en-la-pandemia-una-revancha-historica-para-latinoamerica/

[4] http://www.cubadebate.cu/opinion/2012/01/17/cuba-en-los-espejos-de-galeano-video/

[5] https://rebelion.org/50-verdades-sobre-las-sanciones-economicas-de-estados-unidos-contra-cuba/

[6] speciales/2021/06/20/desde-que-yo-recuerdo-mi-papa-esta-en-un-laboratorio-video/amp/?__twitter_impression=true

[7] https://revistalanzallamas.com/2021/04/22/capitalismo-vacunas-y-patentes/

[8] https://elpais.com/sociedad/2021-06-24/cuba-logra-la-primera-vacuna-latinoamericana-con-datos-de-efectividad-al-nivel-de-pfizer-y-moderna.html


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