Reformular el sistema de salud para construir una sociedad más igualitaria

*Por Pablo Maciel

La salud debe ser concebida como un derecho universal y, por lo tanto, una responsabilidad indelegable del Estado. No es desconocido por nadie que en nuestro país hay groseras inequidades, y en materia de salud esto es una realidad indiscutible.

En el campo de la salud la obra de Ramón Carrillo fue revolucionaria, no solo por la tremenda amplificación del sistema público de salud, sino también por el rol que jugó el Estado y la concepción con la que se desplegó su gestión: todas las personas tienen derecho a la vida y a la salud.

Su gestión fue interrumpida, pero además las sucesivas oleadas neoliberales posteriores, con golpes y elecciones, debilitaron la obra de quien fuera el primer ministro de salud quien años después terminara sus días en la pobreza y el exilio. Injusticias de nuestra historia como tantas otras. La desinversión, descentralización, desregulación y la autogestión hospitalaria, fueron medidas regresivas que concentraron a gran escala el negocio de la salud profundizando la inequidad. Medidas que se tomaron siempre con la misma idea gastada y mercantilista de la salud, que expone sin tapujos la esencia de lo que la derecha argentina piensa sobre el tema: la salud debe tener precio.

La mayoría de nosotros y nosotras, desarrolla la profesión en los diferentes subsistemas al mismo tiempo. El pluriempleo nos permite observar con nuestros propios ojos la desigualdad que aún persiste en nuestro país cuando se trata de salud y enfermedad. Pacientes haciendo colectas para pagar un tratamiento o una cirugía, personas pululando por los hospitales buscando una respuesta adecuada, enfermos que mueren en lista de espera o reclamando a su obra social. Situaciones que las elites de nuestro país claramente no padecen. 

Vemos todos los días como nuestros compañeros y compañeras del equipo de salud están mal pagos, precarizados y con un altísimo desgaste laboral. Sin mencionar el impacto y la sobrecarga que trajo la pandemia. Y que a pesar de todo eso, son ellos y ellas quienes ayudan a los pacientes a sortear los obstáculos burocráticos y las falencias de un sistema caótico y fragmentado.

¿Es posible pensar un sistema de salud más justo y equitativo?

Entonces, ¿es posible pensar un sistema de salud más justo y equitativo? La pandemia nos empuja a discutirlo, si es que queremos evolucionar en una sociedad más justa e igualitaria.

El plan de vacunación ha demostrado que el Estado, cuando tiene la decisión política de hacerlo, es capaz de llevar adelante la atención de toda la comunidad. Y también ha evidenciado que es posible garantizar el acceso a un bien social tan importante como la vacuna sin hacer distinción de clase social.

Los primeros chisporroteos de esta discusión pública ya hicieron evidente que la derecha va a resistir con el cuchillo entre los dientes defendiendo el “status quo” y los negocios de prepagas y grandes laboratorios. El gerente de Swiss Medical Group declaró en su canal de TV que el sistema funciona muy bien, así como está (sic). Una parte del sindicalismo empresarial también se puso en pie de guerra frente a cualquier amenaza de perder el control total de los fonos de las obras sociales sindicales.  

Ahora bien, ¿Cuáles deberían ser los primeros pasos para emprender un camino tan complejo y lleno de obstáculos? Sin dudas la apertura del debate es un primer paso, aunque claro que tiene un costo político para quiénes se atrevan a impulsarlo. La discusión sobre cómo garantizar el acceso universal a la salud debe ser protagonizada por toda la sociedad.  Si realmente comprendemos que la salud es una sola, entonces tendremos que reformular nuestro sistema de salud.  

Es hora de que los trabajadores de la salud seamos escuchados ya que nuestro conocimiento “desde adentro del sistema” es un insumo valiosísimo para este debate. Somos los primeros interesados en mejorar nuestro sistema de salud, porque además de ser el ámbito en donde desarrollamos nuestra profesión, es el mismo sistema en donde nacemos, nos enfermamos y morimos. Seamos conscientes de que los cambios sustanciales sólo serán posibles si hay lucha social que los empuje. Nuestro desafío de época será entonces ligar nuestros reclamos gremiales a los reclamos de una sociedad que necesita, y con urgencia, una medicina más humanizada y equitativa.

*Pablo Maciel: Presidente de CICOP. Medico MP 116386. Tw: @PabloMacielLP

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