CAPITALISMO, VACUNAS Y PATENTES

22 de abril de 2021

Por Matías Rodríguez Gianneo*

El filósofo esloveno Slavoj Žižek se preguntaba, apenas un año atrás, si la crisis del coronavirus podría abrir la oportunidad para pensar una sociedad alternativa, más allá del estado-nación, una sociedad actualizada a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global, y que ante la pandemia “la respuesta no es pánico, sino un trabajo duro y urgente para establecer algún tipo de eficiente coordinación global”[1]. La distribución desigual de vacunas, sumada a la negativa para liberar patentes, demuestran que la idea de establecer respuestas globales parece tan lejana como la imagen de futuro de Žižek. 

Las vacunas son ajenas

Las grandes potencias y sus laboratorios reforzaron las fronteras y el racismo para mantener sus ganancias y espacios de poder al bloquear la propuesta de liberación de patentes o derechos de propiedad que permitiría empezar a pensar una solución global a la pandemia. Los datos son contundentes: 10 países ricos concentran aproximadamente el 75% de las vacunas, y hay 130 países que no han recibido ni una[2].

A finales del 2020, India y Sudáfrica[3], apoyada por decenas de países, presentaron una propuesta a la Organización Mundial de Comercio (OMC), entidad que regula las patentes, para suspender los derechos de propiedad intelectual de las vacunas mientras dure la pandemia. Se pronunciaron en contra los principales países europeos, Estados Unidos, Canadá, Brasil, Japón y Australia. (Ver gráfico) Esta exigencia tiene como antecedente, los esfuerzos que hicieron gobiernos africanos hace casi 20 años, pidiendo retirar las patentes de las farmacéuticas para poder obtener las medicinas que podían prevenir el Sida y evitar muertes. La historia se repite, los países ricos, donde están basadas las farmacéuticas que producían esos fármacos, se negaron.[4]

El camino de recuperar las fórmulas de las vacunas, que los propios subsidios estatales contribuyeron a crear, distribuirlas entre todos los laboratorios que posean la capacidad de producir vacunas, y así, inmunizar a la humanidad entera, constituye un desafío global, por lo tanto, las respuestas no pueden ser locales. La perspectiva de miles de millones de personas esperando años para ser vacunadas representa una amenaza para la salud incluso para los países más ricos[5], ya que con altos niveles de circulación proliferan mutaciones o nuevas cepas que pueden volver obsoletas las vacunas.

El argumento de los laboratorios es que estas medidas obstruirán la innovación científica al desalentar a los inversores privados a involucrarse en la industria. El viejo argumento de la competencia como motor del desarrollo. No alcanza como motivación salvar vidas, sino incrementar las ganancias de uno de los grandes beneficiados de la pandemia, los laboratorios farmacéuticos. Las verdades de este sistema afloran y hablan del mundo actual. La lógica mercantil que rige como vivimos, también decide quienes viven y quiénes no.

Países con múltiples recursos económicos y alianzas globales, como Israel, que han accedido al mayor número de vacunas cada 100 habitantes (119,63 cada 100)[6] demuestran que la articulación de medidas de aislamiento y vacunación masiva trae alivio rápidamente. El caso demuestra que con recursos se puede empezar a ver la luz al final del túnel. La solución existe, pero esta obturada por un mundo desigual que vive bajo la lógica imperialista y monopólica.

También, aparece en el horizonte el caso de Cuba con el desarrollo de múltiples vacunas producidas íntegramente en la isla. El Gobierno cubano anunció la fase tres de ensayos clínicos de Soberana 02 y Abdala. La apuesta de Cuba es desarrollar su propio proyecto de vacuna y producir 100 millones de dosis antes de que termine el año, lo que permitiría atender sus necesidades internas (vacunar a 11,2 millones de cubanos) y exportar lo restante[7]. Se constituye en ejemplo de dignidad entre tanta miseria mercantilizada, y a pesar del asedio y el bloqueo del imperialismo yanqui, demuestra que hay otra forma de ver la salud pública, como derecho y no como mercancía, un legado de la revolución que tuvo entre sus objetivos iniciales construir soberanía sanitaria y salud universal.

Liberar para vacunar

Como afirma Martín Caparrós, “el reclamo es simple, está muy claro: que estados y organismos recuperen las fórmulas de las vacunas y se lancen a producirlas con todos los recursos posibles y las repartan entre los miles de millones que las necesitan. Se puede hacer; solo lo impide la religión de la propiedad privada”[8]. A lo largo y ancho del planeta se habla cada vez más de este tema, y se crea una oportunidad excepcional para confluir en un único reclamo global, exigiendo a los gobiernos a posicionarse. Numerosas fuerzas populares y de izquierda se suman a esta campaña. Ya hay pedidos de entidades como Médicos sin frontera[9], Amnistía Internacional[10] por la liberación e inclusive el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom apoya la suspensión provisoria[11].

Este planteo configura una oportunidad para demostrar lo evidente, es parte de una reflexión estratégica para romper con la “naturalidad” que nos imponen en relación a un sistema basado en las leyes de propiedad por encima de la vida, en base a un capitalismo imperialista que concentra, avanza en la acumulación y la desposesión en medio de una crisis de magnitud global. Esta pandemia es producto de una naturaleza atacada por la voracidad capitalista, luego reutilizada para consolidar las lógicas de dominación. La lucha contra las patentes es, en parte, una lucha contra el capitalismo. Las crisis dan lugar a enormes transformaciones, la estela del avance capitalista deja cada vez más miseria y muerte para millones, y lujos y bienestar para pocos. Es momento cuestionar a fondo las peligrosas consecuencias del rumbo al que nos conducen. El futuro está abierto.     

* Matías Rodríguez Gianneo es profesor de Historia (UNMdP). Co editor de Revista Lanzallamas.


[1] Slavoj Žižek, “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo”, Publicado en Russia Today, 27 de febrero, 2020. http://www.relats.org/documentos/FTLecturas.Zizek.abril.pdf

[2] https://www.unsam.edu.ar/tss/covid-19-y-patentes-el-debate-pendiente/

[3] https://www.msf.org.ar/actualidad/india-y-sudafrica-piden-que-no-haya-patentes-de-medicamentos-ni-herramientas-covid-19

[4] https://www.bbc.com/mundo/noticias-56433141

[5] https://www.nytimes.com/es/2021/03/23/espanol/vacunas-covid-patentes.html

[6] https://ourworldindata.org/covid-vaccinations

[7] https://elpais.com/sociedad/2021-02-26/las-dos-vacunas-cubanas-contra-la-covid-19-entran-en-la-recta-final-de-los-ensayos-clinicos.html

[8] https://chachara.org/las-vacunas-son-ajenas/

[9] https://www.msf.org.ar/firmar/no-patentes-en-pandemia

[10] https://www.amnesty.org/es/latest/news/2021/03/covid-19-pharmaceutical-companies-and-rich-states-put-lives-at-risk-as-vaccine-inequality-soars/

[11] https://www.telam.com.ar/notas/202103/547352-organizacion-mundial-del-comercio-exencion-temporal-patentes-vacunas-coronavirus.html

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