CHE, TEÓRICO DE LA REVOLUCIÓN Y LA NUEVA SOCIEDAD

Por Matías Rodríguez Gianneo*

“luchamos contra la miseria,

pero al mismo tiempo

luchamos contra la alienación”[1]


Ernesto “Che” Guevara significa para millones de luchadores y luchadoras en el mundo la entrega a los ideales revolucionarios y al internacionalismo. Su asesinato, contrariamente a lo que pensaron sus verdugos, potenció su figura que nace en los corazones de millones.

Cada 8 de octubre se rememora en Cuba el “Día del Guerrillero Heroico”. Ese día de 1967, cayó herido en combate durante una fuerte lucha con las fuerzas armadas bolivianas. Al día siguiente, por órdenes de la Agencia Central de Inteligencia, lo fusilaron en Bolivia.  Sin embargo, la idea de “Guerrillero heroico” permite captar sólo una parte de lo que fue Ernesto “Che” Guevara. Puede llevar a un reduccionismo que apela únicamente a este aspecto de su vida, pierde una faceta fundamental: el Che como teórico, el del esfuerzo sistemático por estudiar y hacer estudiar a sus camaradas, y que en su práctica revolucionaria fue dejando escritos e intervenciones teóricas que son enseñanzas que valen la pena estudiar y recuperar.

En este breve artículo vamos a centrarnos en los aportes del Che al debate sobre la construcción del socialismo. Debate que tuvo la particularidad de desarrollarse, por primera vez, en un país latinoamericano.

De Martí a la Sierra Maestra

La Revolución Cubana de 1959 significó un hito en la historia de América Latina. El proceso revolucionario triunfante terminó con la dominación de la dictadura de Fulgencio Batista y la creciente dependencia que sufría la isla por parte del imperialismo estadounidense. Para luego iniciarse transformaciones profundas que acabaron con la propiedad privada de los medios de producción, iniciando la transición al socialismo.

Conocer las características de Cuba en los años previos a la revolución, ayuda a comprender y enmarcar el debate iniciado sobre la transición al socialismo y los aportes teóricos del Che.

Según Fernando Mires, en “La rebelión permanente”[2], la historia cubana es un drama en tres actos, la lucha por la independencia contra el colonialismo español que devino en una nueva dependencia neocolonial con Estados Unidos bajo la Enmienda Platt[3], la revolución antimachadista (1929-1933) que provocó la radicalización del estudiantado, y la Revolución de 1959 encabezada por el Movimiento 26 de Julio. De Martí a la Sierra Maestra hay un hilo conductor, que Fernando Martínez Heredia[4] lo caracteriza como un “patriotismo popular unido al radicalismo político”, articulando el antiimperialismo con las ideas de la justicia social y de la clase trabajadora, sumado a un arraigo del marxismo desde la década del treinta.

La fisionomía de la realidad cubana a fines de los años cincuenta era de un país principalmente agrícola y dependiente del monocultivo de azúcar, de escasa industria e incapaz de autoabastecerse. Absolutamente dependiente del comercio exterior y sin fuentes de energía propia, el petróleo y las refinerías eran norteamericanas. Sobre esta estructura actuó el poder revolucionario desde 1959.

Cambios revolucionarios

La revolución inicialmente tendrá características democráticas, contra la dictadura de Batista; populares, por la fuerte impronta de las reivindicaciones sociales; agraria y antiimperialista, ya que con la reforma agraria y las nacionalizaciones se introduce en el centro del problema de la soberanía nacional y la lucha contra el latifundio. En febrero de 1960, Cuba firma el acuerdo comercial con la URSS para cambiar azúcar por petróleo, las refinerías norteamericanas Standard Oíl y Texaco, radicadas en Cuba, se niegan a procesar el petróleo soviético y Cuba toma las instalaciones, se rompen los contratos comerciales con Estados Unidos, y comienza, entre agosto y octubre de 1960, la expropiación y confiscación de decenas de propiedades, empresas industriales, ingenios azucareros y entidades bancarias estadounidenses. Estados Unidos como respuesta inicia el embargo comercial sobre Cuba e intenta por distintas vías la desestabilización del gobierno revolucionario. En este contexto de radicalización política y social y de agresión sistemática de la principal potencia imperialista del mundo, el 16 de abril de 1961, en las vísperas del triunfo en Playa Girón, Fidel Castro proclamó a Cuba como un estado socialista, profundizando su alianza con la URSS.

A partir de ese momento Cuba tendrá que enfrentar la agresión de la principal potencia imperialista, Estados Unidos, y evitar en lo posible el peso de los aspectos negativos de su relación con la URSS. En este último aspecto, el Che tendrá una posición novedosa. 

Debates al interior del campo socialista

En el campo socialista se profundizaban las divergencias y las divisiones. Ya en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) en 1956, se habían impuesto las tesis de tránsito pacífico y de coexistencia pacífica. Los Partidos Comunistas de América Latina, seguidores de la Unión Soviética, en general, adhirieron rápidamente a esas tesis. Sin embargo, la experiencia cubana se convertiría en la excepción a la regla. La Revolución Cubana triunfó contra las tesis del XX Congreso.

Durante la década del sesenta las críticas con mayor peso dentro del campo socialista las planteaba China, que se fue distanciando hasta llegar a una confrontación abierta con la URSS denunciando su transformación en “social-imperialismo”. Así, el maoísmo, y en menor medida el socialismo de autogestión en Yugoslavia, se convirtieron para muchos países del Tercer Mundo o no-alineados en referencias que ejercieron un contrapeso frente a la centralidad soviética dentro del bloque socialista.

La Cuba de la década del sesenta se convirtió en un lugar de peregrinación para múltiples intelectuales de las más variadas corrientes políticas de las izquierdas. Al mismo tiempo, se inició un debate teórico sobre la transición al socialismo, que según Ernest Mandel[5]  “engloba una veintena de artículos  que (…) sería útil reunir y hacer un balance, a la luz de la teoría marxista y de la práctica económica cubana. Es preciso reconocer que este debate, todavía  mal conocido en Occidente, ocupa un lugar particular en la historia del pensamiento marxista”.

El pensamiento político-económico del Che en la transición al socialismo

Desde el Ministerio de Industrias, a cargo del Che, se enfrentaron al desafío de poner en marcha la gestión de decenas de empresas recientemente nacionalizadas. El pensamiento del Che se dio en polémica con otras posiciones, en relación a los modelos de gestión en una economía nacionalizada/estatizada, pero sus posiciones excedieron a esta polémica y abarcaban temas mucho más profundos de la teoría marxista.

Entre 1963-1964 se dio un debate donde se postularon y convivían dos sistemas diferentes dentro de la organización económica en Cuba: el Sistema Presupuestario de Financiamiento (SFP) defendido por Guevara y el Sistema de Cálculo Económico (SCE).  A principios de los años sesenta, cuando se proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana, se comenzó a aplicar el sistema de dirección de empresas existente en los países socialistas que estaban bajo la órbita de la URSS, conocido como “Sistema de Cálculo Económico”. Este sistema postulaba como uno de sus principios la coexistencia del plan y del mercado. Las unidades productivas, las empresas, tenían cuentas propias, podían solicitar créditos y competir entre sí, bajo incentivos materiales reproduciendo, en cierto grado, las lógicas capitalistas. El fin era desarrollar al máximo las fuerzas productivas, que desde esta perspectiva eran el eje principal para el desarrollo socialista. En esta etapa de transición, según el SCE, las categorías mercantiles tendrían plena vigencia y la Ley del Valor podía ser manipulada por el hombre en el contexto de la construcción del socialismo. Este sistema era defendido por Carlos Rafael Rodríguez, quien dirigía el Instituto Nacional para la Reforma Agraria (INRA) y era un reconocido dirigente del Partido Comunista de Cuba (en Cuba, el Partido Socialista Popular – PSP). Rodríguez aspiraba a lograr una relación más estrecha con la URSS.

La posición contraria era la defendida por Ernesto Guevara, quien era Ministro de Industrias y tenía a cargo las empresas nacionalizadas/estatizadas. Según Orlando Borrego[6] “El Che se convenció muy tempranamente de que los planteamientos sobre el cálculo económico habían sido formulados en una situación excepcionalmente compleja y difícil en la Unión Soviética y, por lo tanto, según él, no se les debía otorgar el atributo de perdurabilidad (…) y mucho menos considerarlo como una categoría necesariamente generalizable para todos los países que emprendieran el proceso socialista”.

Guevara elaboró el SPF según el cual no había fondos particulares de las empresas, sino un fondo centralizado y común que regía todas las finanzas del conjunto de la economía empresarial. Esta forma de organización le permitía al Estado manejar un conglomerado disímil de empresas como si fueran una sola, se centralizaban las cuentas bancarias, creándose un fondo centralizado que fue incorporado al presupuesto estatal. Con este procedimiento, Guevara pretendía eliminar la categoría mercancía entre empresas estatales, y el dinero sólo tenía un fin para la contabilidad.

Cuba tenía algunas ventajas en relación a su red de comunicaciones. Según Carlos Tablada[7] , las compañías norteamericanas, previamente a la revolución, habían utilizado a Cuba como campo experimental donde poner a prueba sus últimas innovaciones en materia de comunicaciones, lo que determinó un crecimiento desproporcionado en comparación con otros países latinoamericanos. Este factor será destacado por el Che a la hora de la planificación, ya que una isla pequeña con buenas comunicaciones procuraría la posibilidad de un control cotidiano.

Para el Che era clave dirigir conscientemente la económica, a través de la planificación, porque en el momento de ruptura revolucionaria los papeles se invierten y el proyecto de poder revolucionario puede y debe dirigir la economía, y no al revés. En el SPF a pesar de que no desaparece el mercado, el eje es la planificación, es el corazón de su mirada. Ya que en su visión, hay que romper la lógica capitalista donde cada uno produce de manera privada para obtener ganancias sin mirar al conjunto. Con la planificación se podía poner el centro en producir según las necesidades sociales y sin depender de las leyes del mercado, para ello los intercambios mercantiles deben reducirse al mínimo.

El Che estaba en contra de que los estímulos materiales guiarán este período, y pensó que debían combinarse: el sistema salarial, los estímulos morales y la emulación. En el Discurso en la Asamblea General de Trabajadores de la Textilería Ariguanabo, el 24 de marzo de 1963, afirma que  “el  interés  material  estará  presente  durante  un  tiempo  en  el  proceso  de construcción del socialismo(…). El  estímulo  moral,  la  creación  de  una  nueva  conciencia  socialista,  es  el  punto  en  que debemos apoyarnos y hacia donde debemos ir.(… ) Uno está en decidido proceso de ascenso; el otro debe estar en decidido proceso de extinción. El estímulo material no participará en la sociedad nueva que se crea, se  extinguirá  en  el  camino  y  hay  que  preparar  las  condiciones  para  que  ese  tipo  de movilización  que  hoy  es  efectiva  vaya  perdiendo  cada  vez  más  su  importancia  y  la  vaya ocupando el estímulo moral, el sentido del deber, la nueva conciencia revolucionaria.”

En El socialismo y el hombre en Cuba[8], precisa su posición “persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (…) se puede llegar a un callejón sin salida”. Las “armas melladas del capitalismo” tenderían reproducir y multiplicar relaciones capitalistas, fijarían una orientación incorrecta en los mecanismos para transformar la sociedad, en lugar de destruir y sustituirlas por relaciones de carácter socialista. Según el Che, “para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer el hombre nuevo”. Por ende, el instrumento principal para movilizar a las masas es la conciencia, y lo ejemplifica en el momento que EEUU invadió Cuba, donde las voluntades crecieron por la consciencia antiimperialista y revolucionaria que generaba la crisis.    

El Che planteaba que dentro de esta etapa era fundamental privilegiar la acción consciente y organizadora, y luchar contra quienes sostienen una posición determinista de las fuerzas productivas, que se resumía de la siguiente manera: una vez desarrolladas las fuerzas materiales la conciencia socialista se desplegaría por sí misma. En contra de esta afirmación, Guevara sostenía que lo principal era la lucha política e ideológica, que la lucha por la producción está subordinada a esta, así se acercaba a la consigna del maoísmo de “hacer la revolución desarrollando la producción”.

Al Che se lo crítica como un utópico y voluntarista por plantear que la creación de la nueva conciencia social demandaba el mismo esfuerzo que el que debía dedicarse al desarrollo de la técnica y la producción. Su crítica era profunda, porque para definir si un Estado era socialista, no bastaba con que la propiedad de los medios de producción sea estatal, sino en las formas de relacionarse socialmente, el carácter de los incentivos, el papel del mercado y las mercancías y la existencia de una planificación socialista. Su centro es el ser humano: “No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse a la playa (…) Se trata de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad”. 

En una entrevista en 1964 con Lisa Howard[9], de la cadena estadounidense ABC, el Che sostiene que el bloqueo de Estados Unidos a Cuba tiene consecuencias negativas y positivas. Las negativas tienen que ver con la dependencia de la industria cubana a los insumos de descarte de Estados Unidos, pero también tiene características positivas que son de gran importancia. “el desarrollo de la conciencia nacional y el espíritu de lucha del pueblo por superar las dificultades”, y agrega, “nos deja una enseñanza de cómo debemos manejar nuestra economía en el porvenir”. Aquí aparece, en primer lugar, nuevamente la idea del valor de las fuerzas subjetivas en el desarrollo de la construcción de la nueva sociedad, y en segundo lugar, la idea de la independencia económica “una enseñanza de cómo debemos manejar nuestra economía en el porvenir”.

Ayuda mutua o complicidad imperial

Su perspectiva terminaba de completarse en el plano de las relaciones internacionales dentro del campo socialista, donde planteaba no romper relaciones con la URSS, sino establecer relaciones en pie de igualdad, para que Cuba pudiera resguardar su autonomía política-ideológica y promover un internacionalismo fraternal e igualitario entre los distintos países. Al mismo tiempo, intentó diversificar las relaciones y realizó viajes para realizar acuerdos con China y Europa del Este.

El Che combatió las teorías que planteaban la imposibilidad de las revoluciones en América Latina porque era el patio trasero del imperialismo yanqui y por el “atraso” de sus economías. Defendió la posibilidad de la industrialización y de que Cuba debía terminar con la estructura agraria del monocultivo.  Pensó que podía tener ayuda de los países socialistas para lograrlo.

Jon Lee Anderson,[10] escribe una biografía del Che,  narra que en uno de los viajes a la URSS Guevara discute con Jrushov[11] la posibilidad de la industrialización de Cuba.  Jrushov le plantea que “En Cuba no hay carbón, mineral de hierro, ni mano de obra calificada, ¿No sería mejor que hiciéramos una planta chiquita para trabajar con chatarra, con los hierros usados, en lugar de gastar tanto?”, pero el Che insiste “Si construimos esa fábrica más rápido crearemos los cuadros necesarios. En cuanto al mineral del hierro, vamos a buscar a México, y en cuanto al carbón (…) podemos traerlos desde aquí en los barcos que recogen azúcar de Cuba”.

Rosa Nassif[12] sostiene que, “el Che planteaba que era necesario diversificar la producción agraria y ampliar los mercados externos, y que era necesario desarrollar la industria, para ir transformando a Cuba de un país agroproductor en un país primero agroindustrial, y después industrial agrario; que era la gran ambición que tenía el Che Guevara, como la tiene que tener cualquiera que, en definitiva, quiera un desarrollo independiente y libre para su país”. Lamentablemente, la posición del Che fue derrotada y se impuso, a fines de los sesenta y principio de los setenta, una línea de dependencia de las manufacturas soviéticas, y el SPF que proponía el Che fue dejado de lado.

Y agrega Nassif, “el Che fue el principal defensor y propagandista de la necesidad de que Cuba se vinculara a los países socialistas.” Sin embargo, hay que entender como fue el recorrido del Che, desde su propia experiencia para llegar hasta el Discurso de Argel[13] en febrero de 1965,  en el que denuncia que la URSS tiene “el deber moral de liquidar su complicidad tácita con los países explotadores del Occidente”, y agrega “¿Cómo puede significar “beneficio mutuo” vender a precios del mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimientos sin límites a los países atrasados y comprar a precios de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente?. Si establecemos ese tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que los países socialistas son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial”.

Tocar sobre la tierra una canción de júbilo

La profundidad de los temas exceden este articulo y pueden servir de punta pie para quienes deseen un estudio más profundo. El Che aportó una visión marxista que luchó contra el dogmatismo anti-dialéctico que trasladaba mecánicamente la experiencia de la URSS a la realidad cubana. Intentó, siendo consciente de las limitaciones, ofrecer una reflexión original sobre el papel de los hombres y mujeres en la construcción de socialismo.

Sus aportes sirven para reflexionar y practicar nuevas formas de relaciones no sólo en los momentos de construcción socialista posteriores a la toma del poder revolucionario, sino al interior de organizaciones populares y movimientos de lucha. Son aportes de enorme utilidad para quienes luchamos por transformaciones revolucionarias y pensamos en los nuevos desafíos que nos impone el presente. Su visión del papel de la mujer y el hombre nuevo en las transformaciones, son una guía en el accionar cotidiano, aportan a una concepción de la vida y el mundo.  

La pandemia demostró lo que ya era evidente, el mundo regido por la codicia y la sed infinita de ganancias lleva al desastre, las potencias imperialistas manejan la salud como una mercancía y el impacto de la crisis será de una magnitud enorme en los países oprimidos, pero al mismo tiempo abre preguntas: ¿podremos pensar una sociedad donde no mande el dinero sino las necesidades sociales?

El Che planteaba que “luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo  luchamos contra la alienación”. No podemos definir de antemano al “hombre y la mujer nueva”, pero si podemos detectar las estructuras que engendran las ambiciones para cambiarlas por formas que moldeen nuevas relaciones humanas. No podemos planificar la cultura, pero si debemos erradicar los condicionamientos del sistema capitalista, patriarcal y depredador de la naturaleza. El Che tenía claro que para llegar a esto, el camino era revolucionario. Recuperar su pensamiento nos alumbra el camino para que podamos cavar al ritmo del sol, cortar las espigas con amor y con gracia, y tocar sobre la tierra una canción de júbilo.


* Matías Rodríguez Gianneo es profesor de Historia (Universidad Nacional de Mar del Plata), docente de escuela secundaria y adultos, investiga la historia del movimiento obrero argentino. Co editor de Revista Lanzallamas.

[1] Guevara: “Entrevista concedida a Jean Daniel”, Argelia, julio de 1963.

[2] Mires,  Fernando, América Latina. La rebelión permanente (1988) Siglo XXI, México, 2015. Cap. 5: “Cuba: entre Martí y las montañas”.

[3] https://www.ecured.cu/Enmienda_Platt.

[4] Intervención en la presentación del libro El gran debate. Sobre la economía en Cuba (1963-1964), efectuado en el teatro del Ministerio de la Industria Básica, el 10 de junio de 2003.

[5] Originalmente publicado en Partisans, París, No. 37, 1967 (en francés).  Traducción castellana en AA.VV, El gran debate. Sobre la economía en Cuba (1963-1964) Compilado por David Deutschmann y Maria del Carmen Ariet, Ocean Sur, 2018

[6] Orlando Borrego es un economista, escritor y revolucionario cubano que luchó junto al Che Guevara en la Revolución Cubana. Cuando Guevara fue designado al frente del Departamento de Industrialización del INRA, Borrego fue su Segundo Jefe, pasando a ser Viceministro cuando el Departamento se transformó en Ministerio de Industria cargo que desempeñó hasta 1964.Pueden ver sus reflexiones del periodo en https://abertzalekomunista.net/images/Liburu_PDF/                                Internacionales/Che_Guevara/Che_El_camino_del_fuego-K.pdf

[7] Tablada, Carlos. El pensamiento económico del Che, Cuba Libros, 2017.

[8] https://www.marxists.org/espanol/guevara/65-socyh.htm

[9] Entrevista al Comandante Che Guevara por Lisa Howard de la cadena ABC.  https://www.youtube.com/watch?v=DLBmnFUONzs

[10] Jon Lee Anderson, Che Guevara, Una vida revolucionaria. Editorial Anagrama, Barcelona, 2006. Pág. 464. 

[11] Desempeñó las funciones de primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, entre 1953 y 1964.

[12] https://pcr.org.ar/wp-content/uploads/2020/04/Che-xR.Nassif.pdf

[13] https://www.marxists.org/espanol/guevara/escritos/op/libros/presente/23.htm

Un comentario

  • Impresionante. En plan económico del Che, hermoso.
    Cada realidad merece soluciones distintas, lo tenía clarísimo.
    Desarrollar la industria y con las potencias de igual a igual.
    Y en lo interno, cambiar el chip y
    todo fluye solo. Un animal político.

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