Cerdos chinos en Argentina: falsas dicotomías y el debate de fondo

Por Lucia Bravo y Andrés Carignano*

Incrementar la producción de cerdos para abastecer a China plantea un desafío para la Argentina, que apunta al corazón de la sustentabilidad de nuestro modelo productivo. En un momento donde está en discusión cuál es la salida a la crisis post pandemia es necesario preguntarse cuál es el camino para una Argentina con más del 40% de su población bajo la línea de pobreza. ¿Cómo conciliar la reactivación económica nacional, la soberanía alimentaria y la ecología?

Qué pasó

Estas últimas semanas las redes se envolvieron en un debate en torno a un comunicado publicado el 6 de julio por el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Felipe Solá, y el ministro de Comercio de la República Popular China, Zhong Shan donde reafirmaron la “asociación estratégica”, referida a la producción de carne porcina y anunciaron una “inversión mixta entre las empresas chinas y las argentinas” para “producir 9 millones de toneladas de carne porcina de alta calidad”. Ese número figuró así en el comunicado de cancillería1. Para que nos hagamos una idea de qué significa este número es 14 veces lo que producimos en 2019.

La respuesta no tardó en llegar. La noticia causó revuelo en las redes y comenzó a circular una campaña virtual que polemiza con la potencial instalación de granjas industriales chinas en Argentina a consecuencia de la expansión global de la gigantesca pero no menos vapuleada porcicultura del país asiático.

La campaña tiene como slogan “No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para China, ni en una fábrica de nuevas pandemias”2, y a la misma se han sumado artistas, activistas, periodistas y red de abogados ambientalistas quienes proponen frenar el acuerdo entre ambos países. Uno de los materiales que dispararon el debate fue el vídeo de la autora Soledad Barruti en su cuenta de Instagram donde explica de qué se trata este acuerdo entre ambos países y los efectos nocivos que tendría en el suelo argentino.

La demanda China

La industria de la carne de cerdo global está en pleno crecimiento, en las últimas tres décadas se duplicó el volumen de producción y las proyecciones de la FAO dicen que su demanda aumentará aproximadamente 32% para 2030. El principal motor de ese aumento fue y será Asia, en particular China. Pero desde 2018 esta región se enfrenta a un problema sanitario que precede al Covid-19. Se trata de la Peste Porcina Africana (PPA).

Esta enfermedad animal redujo un 40% de su población cerdos de China y subió los precios de un producto clave para mantener el nivel de vida de sus habitantes. Por eso, que el estado chino sigue de cerca la cuestión porcina y entre sus 16 recomendaciones a los productores se encuentra “Alentar a las empresas nacionales calificadas a ‘globalizarse’ y establecer bases de cría en países que tengan relaciones económicas y comerciales bilaterales estables, buenos sistemas de gestión de seguridad alimentaria y sin peste porcina africana“ 3

No se trata de un alimento más, el cerdo es un símbolo del progreso chino, es un producto “político”. El consumo de proteína cárnica de la población china va en aumento a la par de los hábitos de consumo de su creciente clase media. La inflación que generó esta peste tiene efectos directos en la opinión pública y en los objetivos del Estado Chino de mantener la inflación por debajo del 3% anual.

El desafío de abastecerse de materias primas y alimentar a 1400 millones de personas no es fácil, y está entre los ejes estratégicos del estado chino para conformar una “sociedad moderadamente próspera” según los objetivos del Plan Quinquenal 2016-2020; en esto se encuadran las estrategias de inversión exterior de bancos y empresas chinas y el desarrollo de sus relaciones bilaterales con los países latinoamericanos.

El proyecto

Lo que anunció Cancillería tiene como precedente la firma del año pasado de un memorando de entendimiento entre la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP) y la Asociación China para la Promoción y el Desarrollo Industrial de China (CAPID, por sus siglas en inglés)4. El contacto entra de la mano de Esteban Turic, CEO de Biogénesis Bagó, una industria química-farmacéutica con presencia en China y del gigante de la carne chino WH Group. La mayoría de los números que circularon por las redes fueron los nombrados por Turic.

A principios de enero el gobierno nacional comienza a profundizar sobre el tema, y el 6 de Julio se hizo público el comunicado donde se anuncia que se busca avanzar en un acuerdo binacional que enmarco las asociaciones privadas, sin embargo, este acuerdo está rodeado de incertidumbres ya que aún no está firmado, ni hay fuentes oficiales desde cancillería que aporten información sobre datos específicos.

Hasta ahora el plan consiste en pasar a exportar 900 mil toneladas de carne duplicando la capacidad de producción actual con inversiones Chinas. A las 600 mil madres actuales se les sumarían 287 mil exclusivamente para exportación a China. Esto se llevaría a cabo con la creación de “núcleos” productivos que incluyen todo el proceso necesario para la producción y exportación: planta de alimento balanceado, criadero, engordes, planta de faena, desposte y congelado. En los primeros dos años se crearían 5 núcleos de 15 mil madres de 140 millones de dólares cada uno. Argentina dispondría de los animales, el maíz, la soja y la mano de obra y, China de la inversión.

Estas plantas son pensadas para producir a gran escala, muy diferente a lo que los pequeños y medianos productores argentinos están acostumbrados, pero es el modelo que pretenden utilizar los inversionistas chinos para lograr abastecer su demanda.

Nuestra relación con China

Esto viene en consonancia con la tendencia de las relaciones sino-argentinas en el período 2000-2020, que consiste en un amoldamiento de la matriz productiva argentina a la producción de commodities, o sea materias primas para la exportación. El 65 % de nuestras exportaciones al mundo son productos agro-agroindustriales, 30% más que en el 2000. La soja fue el commoditie estrella en este proceso (utilizada principalmente como alimento para animales). Para dimensionar, la venta de soja a China pasó de generar 505 millones de dólares en 2002 a 2.881 millones en 2018.

En el año 2008 se hizo público el denominado “Consenso de Beijing”, una nueva forma de diplomacia donde queda establecido como seran las relaciones entre China y los paises emergentes, para fomentar su desarrollo. El modelo es el mismo: desarrollo de las exportaciones primarias, importación de productos industriales (maquinaria, productos químicos) y el financiamiento para la construcción de proyectos de infraestructura ligado al transporte y al sector energético.

¿Por qué Argentina?

Principalmente por la disponibilidad de recursos: el cerdo se alimenta un 80% de maíz y 20% de expeller de soja (soja prensada). Argentina es el tercer país productor de maíz y soja en el mundo y además posee grandes reservas de agua dulce. Es uno de los mejores países para criar cerdos en el mundo, por eso quizás asombre descubrir que recién el año pasado logró abastecer a su mercado interno y empezar a exportar (antes importaba de Dinamarca y Brasil). El costo de producción en Argentina es de US$0.60 por kilo, mientras que en Estados Unidos en costo es de US$1.10 y en China de US$2.40. Ahí está el gran atractivo de Argentina: cadenas productivas integradas y cercanía al puerto.

Sin duda, la oportunidad es grande y los números son prometedores: una tonelada de maíz se exporta por US$ 300, mientras que la tonelada de carne de cerdo ronda entre los 3 y 4 mil dólares. Un avance en la diversificación del sector agroindustrial, en el valor agregado y en la generación de empleo en el campo.

El caso Chileno

Para entender cuáles son los proyectos sobre la mesa es necesario ver otras experiencias que quizás nos ayuden a visualizar qué modelos de producción están en juego.

Un ejemplo ilustrativo es Chile. La producción de cerdos chilena mantuvo un aumento sostenido en las últimas tres décadas, sin embargo, fue el ingreso al mercado internacional de exportación lo que generó el salto astronómico: un promedio de aumento anual del 20% en exportaciones entre 2000 y 2015. Se convirtió así en el 5° exportador de carne de cerdo a nivel mundial con destino a China, Japón, Corea del Sur y Rusia.

La industria porcina chilena está volcada hacia afuera, de las 535 mil toneladas de carne despostada que se produjeron en 2018, el 63% se exporta. El consumo interno baja año a año desde hace una década.5

El modelo chileno se caracteriza por ser de alta intensidad, con tecnología avanzada y con un alto de integración de los distintos eslabones de la cadena productiva. A su vez, es un sector concentrado en muy pocos productores. El número de establecimientos bajó de 74 en 2011 a 43 en 2017, al mismo tiempo que la producción aumentó. Geográficamente también se concentra cada vez más, de los 2,6 millones de cerdos, el 84% están concentrados en la Región de O’Higgins, en 2012, ese número estaba en 74%.6

Pero la disociación “aumento de exportación/baja de consumo interno” no es algo desconocido en nuestro país. La Peste Porcina Africana también disparó la demanda China de carne vacuna y pasamos a exportar un 50% más en apenas unos meses, sobrepasando el mayor volumen de los últimos 50 años mientras el consumo interno se desplomaba. Entre 2008 y el 2019 nuestra exportación se duplicó, al mismo tiempo que el consumo por habitante bajó a números históricos de 7 kilos por habitante.7

Desafío climático, desafío productivo. Salir de la encrucijada

El plan del gobierno parece ser aprovechar esta demanda externa para motorizar el desarrollo y diversificación del sector agropecuario. Según Jorge Neme, secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería permitiría a Argentina ingresar a un mercado exportador en el que casi no participa y generar valor agregado y empleo “en el interior profundo, donde no hay oportunidad de trabajo”8.

Por eso entre las condiciones que plantea el Estado Argentino se encuentran:

– Que las nuevas plantas tengan en todos los casos un socio argentino

– Que se procesen adecuadamente los desechos

-Que cuenten capacidad de almacenamiento

– Que no se instalen en zonas centrales de la Argentina sino en las “provincias postergadas” como Salta, Corrientes, Formosa, Chaco.

Este último punto es importante porque hoy en día tres provincias poseen el 61% de la producción de cerdos: Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Pero al igual que fue pensado el desarrollo el de la soja en argentina ¿No está justamente en la cercanía a la zona pampeana y a los puertos el principal atractivo de las inversiones para un modelo de exportación? ¿Qué garantías hay de que este nuevo proyecto sea implementado en provincias con mayor distanciamiento al complejo portuario argentino?

Otro eje importante a tener en cuenta es la generación de empleo. Efectivamente como señala el secretario Neme, las poblaciones rurales sufren desde hace décadas un éxodo hacia las ciudades ahogados por la imposibilidad de competir con los niveles productivos de los pooles de siembra, llevándolos a arrendar el campo o abandonar la producción. Más del 90% de la población argentina vive en centros urbanos. Esta es la contracara de la concentración, la extranjerización y el monocultivo.

Pero la respuesta a esto ¿Tiene que ser el uso de métodos aún más intensivos y concentrados de producción?

La pregunta es importante porque si bien estos núcleos productivos estarán íntegramente destinados a la exportación a China, muchos productores presienten el riesgo de lo que sucedería si éstos pasaran a competir con los productores locales. Una producción de esa escala e intensidad volcada al mercado interno es, por lo menos, un peligro latente en caso de que se interrumpa el comercio, como sucedió con la pandemia de Covid-19.

Si bien en el acuerdo el gobierno argentino exige que cada núcleo productivo cuente con grandes capacidades de almacenamiento. ¿Qué barrera hay contra el avance de estos inversores extranjeros en el resto del sector? ¿Qué mecanismos impedirán la monopolización y la extranjerización, del sector una vez que progresen las asociaciones y la demanda externa de cerdo siga en alza?

La separación entre “producción sino-argentina para exportación hacia China” y el resto de la cadena productiva destinada al mercado interno es, por el momento, incierta. Entonces es necesario preguntarse ¿Es necesaria la inversión China para realizar este proyecto?

Hasta ahora, pareciera que la producción de valor agregado sobre nuestro maíz, soja y nuestro suelo sólo es posible en el marco de las necesidades de consumo Chinas, y sobre todo, de la disponibilidad de su financiamiento.

Sin embargo, los capitales extranjeros impulsan sus propios intereses, al igual que en el caso de la soja nuestro principal comprador de carne porcina sería China. Como demostró el caso de las medidas antidumping al aceite de soja en 2010, no tenemos el mejor de los historiales en aprovechar el impulso chino para agregar valor a nuestra materia prima.

A la “complementariedad” de las economías hay que tomarla en perspectiva considerando que nuestros productos representan el 0,37% de las importaciones chinas, mientras que China representa nuestro principal socio comercial desde abril de este año, cuando desplazó a Brasil.

La verdadera salida de la encrucijada ecología-economía se encuentra en una producción basada en un modelo sostenible, y de la mano de los pequeños productores. Un Plan Nacional Porcino consistente debe estar basado en créditos blandos y apoyo estatal para productores que incluya frigoríficos, biodigestores y garantice la redistribución de esa producción, lo cual rompería con la supuesta dicotomía entre “desarrollo-ecología”.

Cuando la producción se redistribuye a los pueblos, como ocurría en la Argentina previo al “boom de la soja”, además de generar una reactivación económica, las zonas rurales y las ciudades del interior se repueblan. Pasar de 2 o 3 criaderos por pueblo a 20 de 100 madres crearía fuentes directas de trabajo pero además haría girar los engranajes de todos los sectores complementarios.

El aumento de producción es una posibilidad, siempre y cuando incluya a los productores y sea amigable con el medio ambiente. Así como se estableció en diciembre del año pasado la creación de un fondo para “estimular la actividad de pequeños productores y cooperativas” con los fondos provenientes de las retenciones a la soja, se puede pensar en un proyecto que impulse la producción porcina.

La ley 27.541 de “Solidaridad Social y Reactivación Productiva” dispone:

Art. 52: El tres por ciento (3%) [de las retenciones] se destinará a la creación de un Fondo solidario de competitividad agroindustrial para estimular la actividad de pequeños productores y cooperativas a través de créditos para la producción, innovación, agregado de valor y costos logísticos.

Artículo 53.- El Poder Ejecutivo nacional deberá establecer mecanismos de segmentación y estímulo tendientes a mejorar la rentabilidad y competitividad de los pequeños productores y cooperativas cuyas actividades se encuentren alcanzadas por el eventual aumento de la alícuota de los derechos de exportación y establecerá criterios que estimulen la competitividad de la producción federal en función de las distancias entre los centros de producción y los de efectiva comercialización.9

Es imposible pensar esta dicotomía producción-medioambiente sin una fuerte intervención estatal que se apoye en los pequeños y medianos productores del interior. Actualmente muchas granjas de Argentina utilizan los residuos generados por los cerdos como insumo de biodigestores (importantes generadores de energía), que también pueden ser utilizados como fertilizantes.

La Argentina de cosecha récord, producción récord y hambre récord, es una paradoja difícil de resolver sin profundizar la discusión sobre cómo se produce, quienes lo hacen, y dentro de qué proyecto de país se enmarca.

* Lucia Bravo y Andrés Carignano. Miembros del Observatorio de Actividad de los Capitales Chinos en América Latina http://www.chinaenamericalatina.com

Referencias:

“Plan porcino”proyecto ley de recuperación y fomento. Federación Agraria Argentina.

Boletín porcino Mayo 2020, Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina.

Caracterización nacional sector porcino 2017, Ministerio de agro industria de la Nación.

Informe técnico,volumen 4, numero 30. Comercio Exterior. Indec. Ministerio de Economía de Argentina

1https://www.cancilleria.gob.ar/es/actualidad/noticias/entrevista-entre-el-canciller-felipe-sola-y-el-ministro-de-comercio-de-la

2 https://pactoecosocialyeconomico.blogspot.com/2020/07/no-queremos-transformarnos-en-una.html?m=1

3 https://www.ndrc.gov.cn/xxgk/zcfb/tz/202003/t20200316_1223306.html

4https://www.telam.com.ar/notas/202001/425040-productores-porcinos-destacan-el-proyecto-de-inversion-chino-y-creen-que-puede-ser-gran-oportunidad.html

5http://www.asprocer.cl/industria/analisis-sectorial/

6https://www.odepa.gob.cl/wp-content/uploads/2019/04/articulo-industria_porcina.pdf

7https://www.telam.com.ar/notas/202005/461463-crecimiento-exportacion-carne-vacuna-decenso-consumo-nacional.html

8https://radiocut.fm/audiocut/jorge-neme-entrevista-con-radio-colonia-cancilleria/

9 http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/330000-334999/333564/norma.htm

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