LaguNica (FOTORREPORTAJE)

Por Matías Subat*

Las mañanas en Laguna de Apoyo comienzan temprano. Los gallos se levantan con el sol y la comunidad comienza a moverse “al suave”.  Las altas temperaturas, las lluvias y la luna, marcan el ritmo del día y de la noche en estas tierras nicaragüenses.

La llegada del Covid 19 se empieza a sentir. En la salud y en el dinero. La cuarentena mundial dejó sin turismo al país que comanda Daniel Ortega. El referente revolucionario ya no es bien querido por un pueblo golpeado por la pandemia, la crisis económica y la temporada de Dengue, un visitante de todos los años.

Los nicas son unidos, son familia. Muchas generaciones habitaron este paradisíaco cráter volcánico que según algunos, antes de la erupción, se llamó Apoyeque, y otros, pioneros, desconocen su nombre.

La temporada húmeda plancha la laguna. Sin olas y reflejando el Volcán Mombacho, los días para lavar se acortan por las lluvias. Migdalia mira a la cámara y sonríe a la distancia, amablemente. Ya nos hemos cruzado pero sin palabras. Esta vez sí, aunque no se detiene y sigue lavando. El agua en Nicaragua no llega a todas las casas.

Los días en la Escuela continúan para algunos pocos y las seños. La educación siguió su curso a pesar del riesgo de contagio del virus. Si bien son pocos los que asisten, la higiene y las distancias se mantienen. En la puerta-pared se impone la imagen de Martha Navarro, alias Conny, guerrillera de Masaya que defendió los intereses del pueblo en tiempos de revolución.

La lluvia es bienvenida en la Laguna. Los frutos comienzan a caer y la tierra se prepara para la siembra. Los mangos ya maduraron, no hay que ni  siquiera golpearlos para que caigan, aunque algunos sabandijas como Jersan desafíen esos tiempos.

A mano, con la tierra húmeda, se abren las líneas para el maíz y el trigo. En ellos, Chico y su familia confiaran su alimento. La agricultura es su vida.

La luna regula las noches de pesca. Cuando no está sobre la Laguna, las lámparas o bujías, se encienden a penas se esconde el sol. Las líneas vuelan al agua en busca de Mojarras. El otro alimento en la olla nica.

Familias enteras bajan a pescar. Todos tiran su línea. Primero se consiguen las Sardinas que vienen atraídas por la luz. Luego se arroja la carnada en busca de la Mojarra o alguna Guabina. Las horas pasan y el trabajo rindió. Mañana habrá que volver, quizás por la tarde se intente algún pique.

*Matías Subat, fotoperiodista zapalino (IG: https://www.instagram.com/matisubat/)

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