Brasil en la encrucijada

ENTREVISTA

Por Matías Rodríguez Gianneo1

Joaquín Torres, marplatense y profesor de historia, viene recorriendo América Latina y el mundo desde hace una década. Actualmente residente en Brasil donde vive en primera persona la crisis que atraviesa ese país. Dialogamos sobre la política brasilera desde una perspectiva que contempla no sólo elementos de la política coyuntural, sino parte de la historia reciente.

Hace dos años Bolsonaro se presentó como un “outsider” de la política, que aprovechando la coyuntura conectó con el descontento de un sector grande de la población. Podemos ubicarlo como parte de una tendencia global donde crecen expresiones de extrema derecha ¿Cuáles son las particularidades de Brasil dentro de estas tendencias?

En principio pienso que es necesario ubicar esa tendencia global en el campo sociopolítico brasilero, y el cambio en las tácticas de las potencias, en el campo geopolítico de América Latina. En ese sentido el año 2013 es clave. La oleada de movilizaciones que exigían cambios en el modelo que representaban los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT), abrió camino para que nuevos sujetos sociales salieran a las calles y se organizaran. Por otro lado, el triunfo de Trump en el 2016 es un elemento fundamental para entender la elección de Bolsonaro y el cambio en la estrategia regional de Brasil de ser la potencia que encabezaba la unidad y autonomía latinoamericana, a pretender liderar la región para salvaguardar los intereses de Washington. Pero sumado a esto, es imprescindible que sumemos un tercer factor: el lugar de la Fuerzas Armadas.

La derrota de la dictadura militar en 1985 no significó la subordinación de las Fuerzas Armadas al sistema democrático. Conservaron un rol determinante en asuntos estratégicos de defensa, seguridad nacional, desarrollo de sectores industriales y en la represión al pueblo a través de las policías militares estatales. No existió un proceso de democratización de las Fuerzas. Incluso la tendencia nacionalista que dominaba en los 70s y 80s hoy es minoritaria y predominan los liberales de relación estrecha con el Comando Sur de los Estados Unidos. Durante los años 90 y 2000 no intervinieron directamente en el sistema democrático. La crisis económica y política a partir del 2015 creó las condiciones para que vuelvan a escena. El gobierno de Bolsonaro significó el regreso de los militares al gobierno y su incidencia directa tanto en la política internacional, constituyéndose en un factor de contrapeso a las instituciones democráticas.

En cuanto a las movilizaciones del 2013, dieron origen a distintas expresiones políticas, tanto de izquierda como de derecha. En el 2014 el poder judicial inició la operación Lava-jato comandada por el juez Sergio Moro, quien jugó un papel importante para que se organizara una corriente política anticorrupción, anti-PT. Le dio contenido a las manifestaciones masivas de sectores de clase media que comenzaron en marzo de 2015. De ahí se formaron movimientos organizados que se presentaron como liberales, conservadores, evangelistas, algunos pro intervención militar, con un discursos de indignación, anti-izquierda, anti-comunista y formaron la base social para impulsar el golpe a Dilma, el bolsonarismo y para encarcelar a Lula. Así, en Brasil, esa tendencia global de fuerzas de derecha alternativa llegó a organizarse en la sociedad civil e interrelacionarse con el poder judicial y un dirigente político militar como Bolsonaro.

La ofensiva de estos sectores junto a los partidos de derecha, golpearon al campo popular, dividido en política en relación al gobierno del PT primero y para lograr un acuerdo electoral en 2018 luego.

Llegamos así al 2019, que fue un año de luchas defensivas frente a las iniciativas del gobierno. El pacto entre fracciones de las clases dominantes se mantuvo, expresado en la unidad entre el grupo de Bolsonaro, los militares, el lavajatismo, los evangélicos y los partidos políticos del denominado “centrão”, un bloque parlamentario de derecha oportunista y corrupto que ha hecho negocios con todos los gobiernos de turno.

En simultáneo, el gobierno rompió rápidamente con los bloques regionales como la Unasur, la Celac, tomó una posición agresiva contra Venezuela y apoyó al gobierno golpista en Bolivia. Siguió el camino de Trump de romper con el multilateralismo internacional y se distanció de China. En marzo de este año, Bolsonaro se convirtió en el primer presidente de la historia de Brasil en visitar el Comando Sur de los Estados Unidos para reunirse con altos mandos de éste y del Departamento de Defensa.

¿Qué situación se abre con la pandemia en Brasil tanto en el bloque de gobierno como en la oposición?

El pueblo brasilero y sus organizaciones están enfrentando la situación política más crítica desde el fin de la última dictadura en 1985. El avance de las posiciones autoritarias y antidemocráticas del gobierno representa un peligro para las libertades, la democracia y los derechos sociales y humanos del campo popular. La combinación de crisis sanitaria, económica y política, está aumentando las desigualdades sociales, raciales y de género, y pone en riesgo la vida misma en las comunidades más vulnerables. A su vez, Bolsonaro está impulsando el programa económico ultraliberal del ministro de economía Paulo Guedes.

Pero al mismo tiempo podemos ver que la política frente a la pandemia agudizó todas las diferencias y contradicciones en el bloque del gobierno. Se expresa en los graves enfrentamientos político-institucionales abiertos por Bolsonaro contra el Supremo Tribunal Federal, el Congreso y los gobernadores. Estos conflictos significan una crisis en el seno del Estado mismo. También generó una ruptura con partidos antes aliados en el parlamento. Un hecho trascendental del quiebre en el gobierno, fue la renuncia de Sergio Moro como ministro de Justicia, máximo representante del grupo que impulsó la operación Lava-jato. Bolsonaro se apoya cada vez más en las fuerzas armadas y concede más posiciones a los militares. Hoy ocupan la vicepresidencia, 10 ministerios de un total de 22 y cerca de 2500 puestos de funcionarios públicos.

Tengamos presente este hecho y concepto, es un gobierno militarista, y está buscando armar a sus bases de apoyo y a las milicias que controla en Río de Janeiro. Bolsonaro ya promulgó 6 decretos que liberan la venta y portación de armas. Participó de movilizaciones de sus bases reclamando el cierre del congreso y del Supremo Tribunal Federal y reivindicando la dictadura. Veamos su política frente a la pandemia. En medio de la crisis sanitaria tomó una posición negacionista anti-cientifica, subestimando la gravedad del Covid-19, contrariando a la OMS y especialistas de la salud, oponiéndose a las medidas de cuarentena, desinformando a la sociedad, poniendo trabas al financiamiento y funcionamiento del Sistema Único de Salud (público), despidió a dos ministros de salud y puso en el cargo a un militar sin experiencia en el área. Por decreto reglamentó el uso de hidroxicloroquina en pacientes con coronavirus, siendo que la OMS desaconsejó su uso por sus efectos adversos. Todos estos elementos demuestran que es un gobierno que atenta intencionadamente contra la vida de miles de brasileras y brasileros. Hoy el número de infectados por Covid superó el millón de personas y el de muertes llegó a 50.000

Ahora, la mayor gravedad de esta política es que el Covid está golpeando principalmente a la clase trabajadora informal y desocupada, mayoritariamente de población negra que vive en las periferias y favelas, comunidades vulnerables por las condiciones de hacinamiento, higiene y saneamiento. En estos barrios de la ciudad de San Pablo la letalidad del coronavirus es diez veces mayor que en los barrios ricos. Entre el 11 de abril y el 25 de mayo, el número de muertes de blancos bajó un 35% mientras que el de negros subió un 66%. También está afectando duramente a las comunidades indígenas. Podemos decir que la política del gobierno tiene un carácter genocida.

Además, las mujeres en particular, sobre todo las negras, sufren por ser mayoría en los trabajos de enfermería, expuestas al contagio directo, y por el aumento de la violencia de género y femicidios.

La pandemia y la política del gobierno agudizan todas las contradicciones de clase, raza y género. Sin embargo, se rompió el bloque de gobierno y Bolsonaro ha perdido apoyo social, las condiciones para que se una la oposición y avance con la consigna “Fuera Bolsonaro” están dadas, razones y argumentos no faltan.

¿Está planteada la idea de un gran frente de las fuerzas democráticas, de las izquierdas y movimientos sociales?

Es el tema central que se está debatiendo en las fuerzas populares. Estos últimos días se formaron movimientos en las redes que lanzaron campañas en este sentido, contra el gobierno y sumaron miles de seguidores en pocos días. Son iniciativas de artistas reconocidos, intelectuales, grupos de juristas y profesionales. Son indicios de que se están acelerando los tiempos del debate para armar un frente democrático.

Por otro lado, tenemos a las organizaciones populares que han estado a la cabeza de las luchas y acciones de solidaridad desde que empezó a golpear la pandemia. Los dos grandes frentes Brasil Popular y Pueblo Sin Miedo, que unen a las centrales sindicales, movimientos sociales urbanos y rurales, y partidos de izquierda, han desplegado una tarea inmensa en el país para ayudar a las comunidades vulnerables con alimentos, materiales de higiene y prevención, y educación en salud. Los partidos como el PSOL, PCdoB, PT y PSB lucharon en el congreso por la renta básica de emergencia para millones de trabajadores informales afectados por la crisis y la consiguieron por un monto importante de 600 reales. Las centrales sindicales están en la trinchera en defensa de los puestos de trabajo, el salario y las medidas de seguridad sanitaria en las empresas.

Ahora, un hecho político que lograron estas fuerzas, junto con más de 400 organizaciones de la sociedad civil, fue la presentación en el congreso de un pedido de impeachment contra Bolsonaro. Las condiciones para que prospere en el parlamento no son favorables, pero la campaña Fora Bolsonaro está marchando.

Todos estos hechos pueden ser embriones del posible armado de un gran frente de fuerzas como el que planteas en la pregunta. En la práctica se está avanzando, están las condiciones dadas y pienso que es una necesidad de las masas. En los debates políticos se plantea ¿Frente amplio o Frente antifascista? ¿O frente por la democracia? ¿El gobierno es neofascista o populista de derecha?

¿Cómo ubicas al gobierno de Bolsonaro en la trama geopolítica global?

Bolsonaro se ha alineado con Trump, con posiciones en común frente a la crisis causada por la pandemia. Principalmente contra las medidas de cuarentena que implementaron los gobernadores, con el fin de reactivar rápidamente la economía en ambos casos. Brasil ya estaba atravesando un estancamiento económico desde el 2014, y esta crisis pone en riesgo la continuidad de Bolsonaro. Para el imperialismo norteamericano el éxito de este gobierno es muy importante siendo el país de mayor peso en la geopolítica regional, por sus planes de dar un golpe en Venezuela contra Maduro y por su disputa interimperialista con China. Los gobiernos del PT abrieron las puertas del país al imperialismo chino, tanto como fuente de commodities, para inversiones directas en áreas estratégicas y como destino de exportación de capitales en concepto de préstamos financieros. Bolsonaro busca limitar la dependencia de China al comercio de commodities y moderar la incursión de sus capitales en las demás áreas. En un contexto mundial en que China comienza a recuperarse de la crisis generada por la pandemia, la disputa interimperialista se agudiza. EE.UU. necesita reactivarse, no perder espacios de influencia, al mismo tiempo que entra en la carrera electoral. La pieza de Brasil y la subordinación de Bolsonaro son claves en la región.

En Estados Unidos se está viviendo una crisis de envergadura, la violencia racista de la policía con el asesinato de George Floyd despertó la indignación en un momento donde se combinan millones de nuevos desocupados, más de cien mil muertos por coronavirus y una división política que crece. ¿Este escenario tiene puntos de contacto con la realidad brasilera?

Pienso que por su composición social, étnica-racial, Brasil es el país latinoamericano más parecido a EE.UU. Comparten la historia de un pasado esclavista, opresor del pueblo negro, que continúa hoy en día con distintas leyes y métodos. El racismo es muy fuerte acá. Alcanza con observar que la gran mayoría de la población de los barrios pobres periféricos y favelas es negra. Es ahí donde el Estado ejerce la mayor opresión por medio de las policías militares. Con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, decenas de personas negras son asesinadas a diario en el país y la justicia casi nunca condena a los culpables. En el 2019 la policía mató a 5.804 personas, de las cuales el 75% eran negras (4.533 del total). Y si lo comparamos con EE.UU. durante el mismo año, el número de muertos allí fue de 259. Es decir, en Brasil la policía mató 17 veces el número de negros que en EE.UU.

La consigna “Basta de genocidio al pueblo negro” en Brasil lleva años en las calles. Organizaciones por la igualdad racial existen en todos los espacios sociales, de estudiantes, profesionales, sindicales, en las favelas y periferias. Quien mas lejos llegó en la expresión de esa lucha fue Marielle Franco, mujer negra, joven, madre y lesbiana de la favela la Maré, en Río de Janeiro, que logró graduarse como socióloga y ser elegida como legisladora del estado de Río por su militancia feminista y en defensa de los derechos humanos. Su asesinato en el 2018 por parte de un grupo de las milicias que están relacionadas con el clan Bolsonaro, representa nítidamente el peligro que significa para los gobiernos el avance de la lucha de las comunidades negras y las mujeres. Luego del asesinato de George Floyd, se realizaron manifestaciones contra el racismo y el fascismo del gobierno en las grandes capitales de Brasil, por las víctimas negras de la violencia policial y la crisis sanitaria. El reclamo “vidas negras importan” se expresó con carteles y gritos.

Así como Brasil se convirtió en un nuevo epicentro de la pandemia en el mundo después de EE.UU., también puede serlo por las luchas contra el racismo y el fascismo que representa Bolsonaro. La resistencia en defensa de la democracia y por consolidarla son los primeros pasos necesarios para acabar con toda esta opresión.

1 Prof. de Historia (Universidad Nacional de Mar del Plata), docente de escuela secundaria y adultos, investiga la historia del movimiento obrero argentino, co editor de la Revista Lanzallamas.

FOTO: Antonello Veneri/ AFP

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